La vida y su conservación

Las especies son esenciales en el funcionamiento de la vida en nuestra casa que es nuestro planeta; por eso, es importante conservarlas.
Con este objetivo, tenemos que saber cómo son, cómo se organizan en comunidades y cómo interactúan en los sistemas ecológicos.
En el último siglo XX, hemos visto degradaciones ambientales enormes: muchas especies en extinción o en drástica reducción de sus poblaciones, la destrucción o alteración rápida de sus ecosistemas y cambios nunca vistos en el clima del planeta. Esta gran crisis ambiental ha coincido con la disminución de las ciencias naturales en los centros académicos de referencia.
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miércoles, 4 de febrero de 2015

El profesor David Tilman pionero que demostró el valor de la biodiversidad en la estabilidad y salud de los ecosistemas



El profesor David Tilman pionero que demostró el valor de la biodiversidad en la estabilidad y salud de los ecosistemas, ha sido premiado con el Premio Fronteras del Conocimiento BBVA en la categoría de Ecología y Biología de la Conservación.

G. David Tilman (born July 22, 1949 in Titman) is a prominent American ecologist. He is Regents Professor and McKnight Presidential Chair in Ecology at the University of Minnesota, as well as an instructor in Conservation Biology; Ecology, Evolution, and Behavior; and Microbial Ecology. He is director of the Cedar Creek Ecosystem Science Reserve long-term ecological research station. Tilman is also a professor at University of California, Santa Barbara's Bren School of Environmental Science & Management. He has been a Guggenheim Fellow, is a Fellow of the American Association for the Advancement of Science and of the American Academy of Arts and Sciences, and is a member of the National Academy of Science.
In 2000 Tilman was designated the Most Highly Cited Environmental Scientist of the Decade by Essential Science Indicators.




El catedrático de la Universidad de Minnesota (EE. UU.) David Tilman ha recibido el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en la Categoría de Ecología y Biología de la Conservación, por "fundamentar científicamente el valor de la biodiversidad".




"La biodiversidad de  los ecosistemas sean más productivos, más resistentes ante invasiones de especies exóticas y más estables ante fenómenos perturbadores como la sequía".


Tilman ha aportado fundamento científico a la necesidad de conservar la biodiversidad. Su descubrimiento dio lugar a uno de los trabajos más citados de la ecología moderna, publicado en la revista Nature, en 1994.
Su trabajo muestra que la pérdida de la biodiversidad tiene consecuencias "muy significativas en la calidad y funcionamiento de los ecosistemas.


Un empobrecimiento de la biodiversidad de un ecosistema significa,  que no se podrán dar los servicios ambientales que se quieren dar de ellos, como agua limpia, almacenamiento de carbono, generar el clima adecuado para el funcionamiento del propio ecosistema y muchos otros".




La mayor contribución de este catedrático de la Universidad de Minnesota, según palabras de la presidenta del jurado Georgina Mace, catedrática de Biodiversidad y Ecosistemas del University College de Londres, han sido los fundamentos que ha establecido sobre el valor de la biodiversidad.
Conservación de los ecosistemas
"Las consecuencias de las perturbaciones que produce el ser humano en la naturaleza pueden ser peores de lo que vemos ahora mismo", el ecólogo estadounidense asegura que estamos dejando una "deuda de extinción", pues el daño a la biodiversidad puede mostrarse con un retardo temporal muy grande desde el momento de la perturbación.


"Los ecosistemas se debían conservar pero por una cuestión moral, no científica. Nuestro descubrimiento de que los ecosistemas menos biodiversos son menos estables generó un gran debate, y muchos creyeron que nuestro experimento estaba mal", ha explicado Tilman.

La carrera docente e investigadora del premiado se ha desarrollado en la Universidad de Minnesota, a la que se incorporó en 1976 y donde es catedrático desde 1984.

Desde 1992 dirige allí la reserva de Cedar Creek, una estación de investigación que cuenta con 2.800 hectáreas donde estableció nuevos sistemas experimentales de estudio a largo plazo que le han llevado a sus contribuciones fundamentales.

Respuestas a la ciencia ecológica

Asimismo, el jurado ha destacado también su trabajo dirigido a responder una de las cuestiones más antiguas de la ciencia ecológica, que data de la época de Charles Darwin: "¿Por qué pueden coexistir tantas especies en un ecosistema?".

 
Para averiguarlo Tilman introdujo en sus modelos teóricos la idea de que cada especie se especializa en una determinada habilidad en detrimento de otras, y descubrió que es ese compromiso entre capacidades lo que hace posible la coexistencia de un alto número de especies.

Según la teoría de Tilman, las especies "difieren unas de otras", de forma que adquieren "compromisos". Cada una desempeña ciertas tareas de forma más eficiente, de forma que un ecosistema variado será más productivo y estable. "Estos compromisos fundamentan el valor de la biodiversidad, porque el ecosistema funciona como una red de habilidades, y cuanta más variedad tenga, mejor funcionará".
Cada especie es competente específicamente formando una red trófica de relaciones inter e intraespecíficas. El entramado de especies que encontramos en un ecosistema provoca, gracias al conjunto de miles de relaciones entre las especies que forman parte de ese ecosistema, que el ecosistema sea sostenible, estable. La razón es el conjunto de servicios ambientales que proporciona el ecosistema funcione. 

Si cortamos un bosque que retenía la tierra y favorecía el ciclo de los elementos, generaba una humedad relativa y, por tanto, un clima adecuado para su estabilidad y funcionamiento, estaremos desertizando el espacio donde antes de talarlo teníamos el bosque.


En este sentido, el acta del jurado ha resaltado que "la investigación de Tilman ha contribuido a definir políticas basadas en el conocimiento científico y dirigidas al uso de la tierra y el balance del carbono a escala mundial", algo que ha tenido implicaciones en cuestiones prácticas como la producción de biocombustibles.
Por último, el jurado menciona su hallazgo de que la relación entre el grado de destrucción de un ecosistema y el impacto sobre las especies que lo integran es más complejo de lo que parecería, hasta el punto de que puede haber lo que Tilman ha definido como una "deuda de extinción".

Agricultura e impacto ambiental

En la actualidad trabaja en cómo incrementar la productividad agraria sin aumentar el impacto ambiental y en una de sus últimas publicaciones, en la revista Nature el pasado noviembre de 2014, Tilman explora cuál es la dieta humana más adecuada para preservar el medio ambiente, contribuyendo a una reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y, a la vez, a una mejor salud.


El jurado de esta categoría ha estado presidido por la catedrática de Biodiversidad y Ecosistemas en la University College London (Reino Unido), Georgina Mace,y ha contado como secretario con el catedrático de Ecología en el Instituto de Biología Evolutiva y Estudios Ambientales en la Universidad de Zúrich (Suiza), Jordi Bascompte, Biólogo de la Conservación EBD - CSIC.

Los vocales han sido el catedrático en el Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México (México), Gerardo Ceballos; el profesor de investigación del Departamento de Ecología Integrativa en la Estación Biológica de Doñana del CSIC (Sevilla, España), Pedro Jordano; y la catedrática en el Instituto de Biología Evolutiva y Estudios Ambientales de la Universidad de Zúrich (Suiza), Hanna Kokko.


lunes, 7 de julio de 2014

La Reserva Biológica de Doñana (Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC) cumple medio siglo, fue el primer paso para la creación del Parque Nacional de Doñana en 1968.

En la marisma de Doñana, donde reinaron siempre el paludismo y los señoritos, nació José Boixo un 30 de septiembre de 1935, diez meses antes del inicio de la Guerra Civil. Doñana era entonces uno de los cotos de caza más grandes de España, un lugar aislado en la margen derecha del Guadalquivir donde aristócratas y reyes iban a matar venados, jabalíes, patos, linces, zorros y otras alimañas, también Alfonso XIII, que durante catorce años fue cada invierno de montería antes de refugiarse en Roma.


En aquel tiempo, Doñana era virgen y salvaje y solo había pasado por manos de unas pocas familias. Durante seis siglos, el coto perteneció a los duques de Medina Sidonia, hasta que en 1900 Guillermo Garvey lo compró por 150.000 duros y más tarde lo recibieron en herencia los duques de Tarifa. En 1935, tras la muerte de estos, los marqueses de Borghetto obtuvieron la propiedad de las 27.000 hectáreas en pago de una deuda, y más o menos por aquellos días el padre de Boixo se mudó del Coto del Rey a la marisma de Hinojos a cuidar las reses de unos ganaderos de Villamanrique de la Condesa.
 
La marisma era un territorio inhóspito que ni siquiera los ingleses habían logrado domar, pese a que trataron de cultivar algodón y arroz en los años veinte sin éxito. Solo había por estas tierras unos cientos de carboneros, mieleros, piñeros, salineros, leñadores, aparceros, arrieros y otros oficios más deseados, los de guardas y caseros de los palacios de Doñana y de las Marismillas.

 
“La vida aquí era muy dura… muy dura”, recuerda Boixo ante uno de los alcornoques centenarios del coto, hoy parte de un espacio natural protegido que se ha ido ampliando hasta 108.000 hectáreas, del que son su corazón la Estación Biológica y el Parque Nacional de Doñana, declarado reserva de la biosfera y patrimonio de la humanidad por la Unesco.

 
El humedal de Doñana, que abarca territorios de las provincias de Sevilla, Huelva y Cádiz, es el más importante del continente, con varios ecosistemas diferentes y una situación privilegiada entre Europa y África, donde cada año pasan el invierno cientos de miles de aves acuáticas y se conservan especies al borde de la extinción como el lince ibérico y el águila imperial. Doñana es, además, “un icono internacional de la conservación”, asegura Juan José Negro, director de la Estación Biológica, que ahora cumple 50 años de su fundación por José Antonio Valverde, el naturalista que logró concienciar al mundo de la importancia de preservar el lugar cuando, bajo el franquismo, empezaba a urbanizarse la playa y desecarse la marisma para cultivar, lo que hubiera supuesto su final.
 
José Antonio Valverde (Valladolid, 1926 - Sevilla, 2003) fue uno de los pioneros de la conservación del patrimonio natural y su biodiversidad en España. Zoólogo, profesor de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) fundó la Estación Biológica de Doñana (EBD) y el propio Parque Nacional de Doñana. Fue su artífice, su impulsor hasta su creación. Sentó las bases de la conservación de la naturaleza e hizo avanzar la ciencia española en los duros años de la postguerra. Fue uno  de los sabios universales más interesantes de la historia reciente de España, como reconocieron los numerosos premios y distinciones que recibió a lo largo de su vida y la admiración que le profesaron todos los que le trataron. Junto a Valverde destacan en la creación de la EBD y el Parque Nacional, personajes muy relevantes como Luc Hoffmann y José María Albareda.

 

 
Doñana fue una de las grandes creaciones de Valverde, fue una batalla épica por conservar su riqueza natural. 
José Antonio Valverde y Félix Rodríguez de la Fuente, cerro de los ánsares, 1967
 
Promovió la movilización internacional para la adquisición de una finca en Doñana de 6.000 hectáreas de superficie, que permitió crear la Reserva Biológica, fundada en 1964. En 1968 logró la declaración del Parque Nacional, con otras 30.000 hectáreas de superficie protegidas. El WWF, reforzando el apoyo económico de Luc Hoffmann y otros, fue esencial para adquirir primero Doñana en 1963 y Guadiamar más tarde en 1968, así como promover a Franco la propuesta de Parque Nacional , gracias al éxito internaional del WWF movilizando sucesivamente a las delegaciones que surgieron en los países europeos ricos. Todo ello convenció a Franco y tras unas reuniones entre el entonces Director General de Montes (Ministerio de Agricultura) y el comité directivo de la Reserva Biológica de Doñana (formado por CSIC, WWF y ADENA) se presentó la propuesta de Parque Nacional de 35.000 hectáreas siendo aprobado y publicado en el B.O.E. en 15 de agosto de 1968 sin figurar todavía la delimitación exacta.
 Comunidad de vertebrados
 
La lucha para evitar la destrucción de Doñana y su entorno, así como la trama de relaciones diplomáticas y consentimientos políticos que Valverde tuvo que desplegar para conseguirlo, buscando donantes internacionalmente y adquiriendo finca tras finca para constituir un todo protegido es un fenómeno encomiable y reservado a muy pocas iniciativas parecidas sucedidas posteriormente en nuestro país.
 
La creación del Fondo Mundial para la Conservación de la Naturaleza (WWF internacional) y su sección española ADENA, de la que fue su primer presidente el entonces Príncipe de Asturias y, hasta días muy recientes Rey Juan Carlos I; la génesis de lo que hoy es la escuela de científicos de la Estación Biológica de Doñana (EBD), que ha hecho de España una potencia en investigación científica sobre Biología de la Conservación; la explosión de vida que representa la Marisma y los avances y retrocesos en su conservación, constituyen una dura batalla histórica ganada para la conservación de la biodiversidad y del avance científico en España.


 

 
“Si Valverde llega a venir más tarde, esto no existiría”, dice Boixo, que entre 1965 y 2000 fue guarda mayor de la Estación Biológica, institución científica de prestigio internacional adscrita al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en cuya plantilla hay 47 investigadores.
 
Doñana era un joven condenado a muerte; ahora es una persona mayor, pero indultada, dice Miguel Delibes de Castro, exdirector de la Estación Biológica.
 
Estamos en la Cota 32, una de las alturas privilegiadas de Doñana, desde donde Boixo mira al Charco del Toro, una laguna seca. Al sur se ve Matalascañas, pueblo turístico que en verano multiplica por 40 su población hasta sobrepasar los 100.000 habitantes. Al llegar a Matalascañas desde Almonte se ven en la carretera los cuatro o cinco pozos que extraen agua para esta comunidad del acuífero 27, el mismo que nutre Doñana. Los pozos están a unos pocos metros del linde del coto y, según organizaciones ecologistas, son uno de los problemas graves que atentan contra Doñana junto a los más de mil pozos ilegales que riegan los cultivos de fresa y arándanos en la zona.
 
“Desde que hicieron el campo de golf en Matalascañas nunca más se ha llenado el Charco del Toro ni otras lagunas de por aquí cerca”, afirma Boixo, que ha vivido aquí toda su vida. “Yo solo salí de aquí a hacer la mili, era de la quinta del 56”, dice mientras observa con nostalgia los paisajes de toda su vida: están las dunas móviles, que avanzan desde el mar hacia el interior sepultando pinares que después vuelven a resurgir petrificados; el monte y el bosque mediterráneo, rico en flora y fauna, donde los antiguos dueños introdujeron ciervos, gamos y otros animales para repoblar sus cazaderos; la fértil vera, donde se unen el monte y la marisma, y la inmensa planicie marismeña, con sus lucios y sus aguas someras que en invierno se llenan de patos, garzas, flamencos, espátulas y decenas de especies de aves acuáticas.
A los nueve años de edad, Boixo mató su primer lince, cuenta durante un paseo por el coto. “Estaba fuera de mi casa con la escopeta y disparé a algo que se movía. Entré corriendo: ‘Papá, papá, he matado un león’; ni yo mismo sabía lo que era aquello”. Era el año 1944 y ya los Borghetto habían vendido 17.000 hectáreas de su propiedad al marqués de Bonanza (Manuel González Gordon), el marqués de Mérito y Salvador Noguera, que constituyeron la Sociedad del Coto del Palacio de Doñana.
“En aquel tiempo, los dueños te pagaban por matar depredadores y alimañas. Un lince eran cuatro duros; un zorro, tres duros; un milano o un águila, tres pesetas; una comadreja, dos”. Hasta los 14 años, a eso se dedicó, hasta que en 1952 Franco ordenó plantar eucaliptos en Doñana para producir celulosa bajo amenaza de expropiación, y durante años José Boixo estuvo trabajando en eso.
“Todavía hoy se están arrancando aquellos árboles”, cuenta Héctor Garrido. Desde 1991 es el fotógrafo y censador de aves y en estos momentos la avioneta en que realiza el censo de enero de 2014 sobrevuela Los Sotos, en la zona noroeste del parque nacional, donde se ve abajo varios hombres que trabajan quitando eucaliptos. “Es un árbol que hace mucho daño en Doñana pues demanda mucha agua, empobrece el suelo y modifica los ecosistemas originales”, explica Garrido.
 
Foto de archivo de las célebres pajareras donde comenzaron las campañas de anillamiento de aves zancudas como garzas, espátulas impulsadas por J.A. Valverde
 
La avioneta vuela bajo y pasa por el ojo de Martinazo, la laguna de Santa Olalla, el cerro de los Ánsares, el lucio de Mari López, la punta de Malandar, el brazo de la Torre y otros lugares espectaculares de donde salen miles de patos cuchara, cercetas y silbones, además de varias bandadas de moritos, una de las especies que habían desaparecido completamente en los años cuarenta y que hoy es muy abundante.
 
 
Pese a que este invierno casi no ha llovido, desde el cielo el coto se ve majestuoso. Hay lucios y lagunas con bastante agua y allí se observan las mayores concentraciones de pájaros. Después de dos horas y media de vuelo, Héctor habrá contado 30.000 ánsares, 25.000 flamencos, 50.000 agujas colinegras y 95.000 patos…, en total, cerca de 300.000 aves acuáticas. “Algunos años buenos de lluvia hemos censado hasta 750.000 aves en el invierno”, dice al ayudante de Héctor, José Luis, mientras desde el aire señala unas marcas de ruedas que surcan la marisma. Son las rodadas de los camiones que realizan trabajos forestales dentro del coto y que en vez de coger siempre por el mismo lugar cruzan por donde les viene en gana. “Eso es fatal, porque esas marcas son profundas y duraderas y alteran el delicado equilibrio de la marisma”, señala Héctor.
 
Desde la altura se ve la maravilla que es Doñana, pero también todas las amenazas y peligros que la acechan, la mayoría exteriores, empezando por la agricultura.
 

 EBD, potencia en investigación sobre biología de la conservación
 
El parque nacional está rodeado por 40.000 hectáreas de cultivos de arroz y otras 6.000 hectáreas de fresas y otros frutos de invernadero, cubiertas por gigantescos plásticos. Los pesticidas que se emplean, aunque de un modo u otro afectan al entorno de Doñana, no son el principal problema, sino “otros, como el robo del agua por los pozos ilegales y la sobreexplotación del acuífero, el mal estado del estuario o el dragado del Guadalquivir”, asegura desde tierra Felipe Fuentelsaz, representante de la ONG World Wildlife Fund (WWF).
Coincidiendo con el 50º aniversario de la creación de la Estación Biológica, WWF ha hecho un informe a la UNESCO y el resto de las organizaciones internacionales que velan por la conservación de Doñana en el que se alerta sobre la peligrosa situación en que se encuentra el parque y se denuncia la mala gestión y el incumplimiento, por parte del Gobierno y la Junta de Andalucía, de 16 de las 18 recomendaciones hechas por la Unesco en 2011 para asegurar el futuro del humedal más emblemático de Europa.
“Antes, Doñana era un joven fuerte pero condenado a muerte; ahora es una persona mayor, con menos fuerza, pero indultado”, afirma Delibes, de 67 años, director de la Estación entre 1988 y 1996.
 
Delibes conoce bien Doñana, pues llegó aquí a los 27 años captado por José Antonio Valverde, artífice de la creación de Doñana, indica que al comienzo la Estación tenía 6.671 hectáreas y hoy, “aunque las agresiones exteriores son muchas”, el área protegida es de más de 100.000 hectáreas.
La historia de cómo se salvó este paraje privilegiado que sigue asombrando hoy a ornitólogos y naturalistas de todo el mundo tiene que ver con la voluntad de José Antonio Valverde y también con la ciencia.  
 
Sin duda, fue fundamental la repercusión que tuvieron las expediciones científicas internacionales que en los años cincuenta visitaron el coto, en especial la Doñana expedition de 1957, integrada por los ornitólogos de campo James Fergusson, J. Parrington y Guy Mounfort –que en 1958 publicaría Portrait of a Wilderness–. También el mejor fotógrafo de naturaleza del momento, Eric Hosking, y personalidades como Julian Huxley, Max Nicholson y lord y lady Alanbrooke. Mauricio González Gordon, uno de los dueños de Doñana, fue el anfitrión, y Valverde, invitado de última hora.
 
Lo que vieron les impresionó, y José Antonio Valverde contó después con su respaldo y el del naturalista suizo Luc Hoffman, primer vicepresidente de WWF. Esta organización se creó en 1961 con el fin de proteger la naturaleza, pero sobre todo para recaudar los 33 millones de pesetas necesarios para comprar –el 30 de diciembre de 1963– las 6.671 hectáreas que formarían la primera reserva biológica de España y que fueron donadas al CSIC un año después con fines de investigación y conservación. Seis años más tarde, WWF adquirió otras 3.124 hectáreas en la marisma de Aznalcázar, cuya gestión también cedió al CSIC, y ese mismo año de 1969, Valverde logró que el Gobierno de Franco creara el Parque Nacional de Doñana, con otras 35.000 hectáreas. 

De ser un “mal bicho” que se pasaba el día cazando linces, meloncillos y águilas, hoy especies protegidas, Boixo pasó a preservarlas y a perseguir a los furtivos que entraban al coto a matar ciervos y jabatos. Valverde lo nombró guarda mayor de la reserva en 1965 y entonces Doñana, más todavía, se convirtió en su vida. “Lo primero que hicimos fue numerar con tablillas todos los alcornoques centenarios que había, que eran 454”. Entre ellos estaban los impresionantes ejemplares de La Pajarera, un verdadero espectáculo de árboles donde cada año anidan cientos de cigüeñas, garzas y espátulas.
 Primeras campañas de anillamiento
 
La lucha entre los pájaros y los alcornoques existía ya entonces. Las deyecciones de las aves sulfataban el suelo circundante y los árboles se secaban lentamente. Hoy, debido a una enfermedad que afecta a las raíces más finas de la planta y no les permite tomar agua, los alcornoques infectados mueren en menos de un año. La ciencia investiga y, al parecer, hay un posible remedio que ha funcionado en otras especies de árboles, pero la dirección del Parque Nacional –que pertenece a la Junta, mientras la Estación Biológica depende del CSIC– no acaba de tomar la decisión de experimentarlo con algunos alcornoques, y los árboles siguen muriendo.



 
“Hoy quedan poco más de 200 alcornoques”, se lamenta Boixo, que se detiene ante un palmito rodeado de arbustos y zarzas en Santa Olalla, en medio del coto, donde predomina el monte viejo, algo que disgusta al antiguo guardés, pues, dice, habría que desbrozarlo.
“Este palmito le gustaba mucho a Felipe”. Felipe es Felipe González, y fue el primer presidente de la democracia que utilizó el coto para pasar su tiempo libre e invitar allí a políticos extranjeros. “Al que más le gustaba era a Helmut Kohl”, recuerda González, que todavía hoy afirma que lo único que echa de menos de ser presidente del Gobierno es “disfrutar de Doñana”. Cuenta Delibes que un día Felipe invitó a Kohl a ir al cerro de los Ánsares a ver la llegada espectacular de miles de gansos salvajes. “Es al amanecer, hay que levantarse temprano”, le dijo Felipe. “¿A qué hora?”, respondió. “A las seis”. “Hombre”, contestó el excanciller alemán, “a esa hora yo ya llevo un buen rato combatiendo contra el socialismo”.
Visita de Gorbachov invitado por Felipe González
 
Refugio de mandatarios y personalidades de todo el mundo, enclave de especies en peligro tan emblemáticas como el lince ibérico y el águila imperial

González también invitó a Gorbachov después del golpe de Estado en la antigua URSS. “Aunque Felipe le explicó varias veces que el palacio de Doñana era una institución pública, no hubo forma; al despedirse escribió en el libro de vistas: ‘Muchas gracias a Felipe González por haberme invitado a su dacha”, recuerda Delibes.
Un radiocasete de un coche interrumpe la paz de la marisma. Aparece un jeep Toyota, y después otro vehículo 4×4, y otro, y otro más. Sus ocupantes van de juerga. “Son de las hermandades rocieras”, explica Héctor. Hay más de cien hermandades, y algunas poseen 10.000 miembros. Decenas de ellas tienen derecho a pasar por Doñana y a pernoctar durante la romería del Rocío (50 días después de Semana Santa), pero también en otras dos fechas de su elección, como hoy. Muchos tiran papeles y desperdicios.
 
Amenazas: Está el Rocío… Los pozos ilegales. Los planes de dragado del Guadalquivir o de hacer un oleoducto, pero en medio de estas amenazas Doñana resiste y otras muchas cosas alientan. Cuando en 2003 comenzó a funcionar el Centro de Cría del Lince Ibérico de El Acebuche, el carnívoro más escaso del mundo y endémico de la Península Ibérica, la población de linces en Doñana estaba a punto de extinguirse. Once parejas de águilas imperiales anidan en el parque y se han recuperado especies de aves acuáticas como el morito. Cincuenta años después, muchos peligros acechan a este antiguo coto de señoritos.

Pero la aventura de su vida continúa.
Referencia bibliográfica:
La aventura de Doñana. Cómo crear una reserva. José Antonio Valverde.
Memorias de un Biólogo Heterodoxo. Editorial Quercus V&V, Madrid 2004.