La vida y su conservación

Las especies son esenciales en el funcionamiento de la vida en nuestra casa que es nuestro planeta; por eso, es importante conservarlas.
Con este objetivo, tenemos que saber cómo son, cómo se organizan en comunidades y cómo interactúan en los sistemas ecológicos.
En el último siglo XX, hemos visto degradaciones ambientales enormes: muchas especies en extinción o en drástica reducción de sus poblaciones, la destrucción o alteración rápida de sus ecosistemas y cambios nunca vistos en el clima del planeta. Esta gran crisis ambiental ha coincido con la disminución de las ciencias naturales en los centros académicos de referencia.
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miércoles, 7 de octubre de 2015

Las cosmovisiones religiosa y científica unidas para salvar La Creación. Por Edward O. Wilson


CARTA A UN PASTOR
El siguiente texto es un extracto del primer capítulo de La Creación, el último libro de Edward O. Wilson que acaba de publicar en España Katz Editores
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POR EDWARD O. WILSON

Estimado Pastor: 

Aunque no nos hemos encontrado personalmente, tengo la impresión de conocerlo bastante y me siento autorizado para dirigirme a usted como amigo. En primer lugar, tuvimos la misma formación religiosa, pues me crié en Alabama, en el seno de una familia baptista. Respondí al llamado evangélico y fui sumergido literalmente en las aguas. Si bien no comparto ya las creencias cristianas sobre la intervención divina, estoy seguro de que, si nos encontráramos y habláramos sobre nuestras más íntimas concepciones, lo haríamos en un clima de respeto y buena voluntad porque nos unen muchos preceptos de conducta moral. En la medida en que estas cosas puedan todavía influir sobre la cortesía y la gentileza, quizá también tenga importancia el hecho de que los dos nos dediquemos a tareas intelectuales con un espíritu humanitario. 

Le escribo para pedirle ayuda y consejo. Desde luego, no hay manera de eludir las diferencias que separan nuestras respectivas cosmovisiones. Usted acepta el carácter trascendental de las Sagradas Escrituras judeocristianas y cree en la inmortalidad del alma. Para usted este planeta es una suerte de estación hacia una segunda vida eterna pues la salvación está garantizada para los redimidos en Cristo. 

Yo, en cambio, soy un humanista laico. Creo que la existencia es lo que hacemos de ella en cuanto individuos; que no hay garantía alguna de vida después de la muerte y que el cielo y el infierno los construimos nosotros, en este planeta. No hay para nosotros otra morada. Pienso que la humanidad surgió en la Tierra por la evolución de formas inferiores de vida a lo largo de millones de años; para decirlo sin pelos en la lengua: que nuestros antepasados fueron animales similares a los grandes simios. En mi opinión, además, la especie humana está adaptada física y mentalmente a la vida en la Tierra y no en cualquier otro lugar. No obstante, compartimos un código de conducta ético fundamentado en la razón, la ley, el honor y un sentido innato de la dignidad que algunos atribuyen a la voluntad de Dios. 

Usted hablará de la gloria de una divinidad invisible; yo, del esplendor del universo que por fin se nos manifiesta. Usted dirá que Dios se encarnó para salvar a la humanidad; yo diré que Prometeo robó el fuego sagrado para liberar a los hombres. Puede ser que usted haya alcanzado ya la verdad última; yo la busco aún. Es posible que yo esté equivocado o que usted esté en el error. También es posible que los dos veamos sólo parte de la verdad. 

¿Acaso estas discrepancias en nuestra cosmovisión nos separan en todo? No lo creo.

Tanto usted como yo, como todos los seres humanos, bregamos por alcanzar las mismas metas de seguridad, libertad de elección y dignidad; en suma, por una causa que a nuestro parecer nos excede. Si está de acuerdo, podemos intentar encontrarnos de este lado de la metafísica para encarar el mundo real que compartimos. Lo digo de esta manera porque está en sus manos resolver un enorme problema que me preocupa por demás y que espero que a usted también le preocupe: le propongo que dejemos de lado nuestras diferencias para salvar la Creación. 

La defensa de la naturaleza es un valor universal que no proviene de ningún dogma religioso ni ideológico, y que no implica tampoco respaldarlo. Por el contrario, está al servicio de toda la humanidad sin discriminación alguna. 

Reverendo: necesitamos su colaboración. 

La Creación –la naturaleza viviente– está en riesgo. 

Los hombres de ciencia estiman que si la transformación del hábitat natural y otras actividades humanas destructivas continúan con el ritmo actual, la mitad de las especies animales y vegetales de la Tierra se habrán extinguido o estarán en peligro de extinción al terminar este siglo.

Tan sólo las alteraciones del clima harán que el 25% de las especies existentes alcancen esa peligrosa situación en los próximos 50 años. 

Según las estimaciones más conservadoras, la tasa de extinción actual es 100 veces mayor que la existente antes de que los seres humanos aparecieran sobre la Tierra, y se prevé que se multiplicará por mil, por lo menos, en los próximos decenios. 

Si no conseguimos disminuirla, el costo para la humanidad en riquezas, seguridad ambiental y calidad de vida será catastrófico. Estoy seguro de que ambos opinamos que, por humilde e insignificante que sea, cada especie es una obra maestra de la biología que vale la pena conservar. 

Cada una de ellas posee una combinación única de rasgos genéticos adaptados con bastante eficacia a un ámbito determinado. 

Aunque sólo sea por prudencia, debemos actuar rápidamente para evitar la extinción de especies naturales y el consiguiente empobrecimiento de los ecosistemas terrestres, es decir, de la Creación. 

Llegado a este punto de la lectura, bien se puede preguntar usted: ¿por qué soy yo tan importante en esta cruzada? Simplemente porque la ciencia y la religión son las fuerzas más poderosas en el mundo de hoy. 

Uniéndolas en pro de la conservación biológica, pronto podríamos resolver el problema que se nos plantea. Si hay un precepto moral que gentes de todas las creencias comparten, es que nos debemos a nosotros mismos y a las generaciones futuras un medio ambiente bello, rico y sano.

martes, 2 de diciembre de 2014

El Festival de las Grullas, interesante propuesta de educación ambiental y de democratizar el patrimonio natural.



Se reunirán 3.000 personas en el Festival, que ofrece un programa lleno de actividades abiertas a todo el público, entre las que se incluyen rutas senderistas, rutas de cicloturismo, un vuelo cautivo en globo para observar a las grullas, 20 talleres infantiles, cuentacuentos, paseos teatralizados o un “desayuno con grullas”.


El Festival de las Grullas en Extremadura organizado por la Dirección General de Turismo del Gobierno extremeño, nace con el fin de promocionar y divulgar una vez más la excepcionalidad de los recursos naturales de Extremadura y su condición de caso insólito en el contexto europeo a la vez que educar, conservar y sensibilizar hacia esta especie. Cultura, tradición, naturaleza, medio ambiente y turismo van de la mano en el elenco de actividades programadas para todas las edades y tipo de público durante el Festival. La organización y desarrollo de este evento ha supuesto la colaboración de entidades públicas y privadas relacionadas con la conservación y protección de la especie así como con la ordenación y promoción del turismo en la región.



El turismo de naturaleza en Extremadura tiene el reto de convertirse en uno de los ejes principales de desarrollo turístico de nuestra Comunidad Autónoma. El valioso legado natural de la región cumple todos los requisitos para convertirse en un foco de atracción de visitantes, en sintonía tanto con las demandas turísticas más actuales como con unos principios basados en la sostenibilidad.

 
Festivaldelasgrullas.com es un portal de ornitología y turismo. En las diferentes secciones de la web se puede encontrar toda la información disponible sobre las grullas en Extremadura, los diferentes núcleos de invernada y las mejores rutas para observarlas. Además se ofrece información turística relativa a empresas de guías especializadas en este tipo de servicios así como de alojamientos y restauración. Todos los componentes necesarios para la planificación de un viaje por los mejores espacios naturales extremeños en busca de una especie que, cada año, regresa a Extremadura para pasar los inviernos. 

Extremadura es la principal área de invernada para las grullas comunes europeas que realizan la migración siguiendo la ruta occidental. Unos 80.000 individuos eligen nuestra región para pasar el invierno, un 30-40% de la población europea occidental y más de la mitad de la población española, cifrada en algo más de 150.000 grullas.

La posibilidad de encontrar abundante alimento, unida a la existencia de numerosas zonas húmedas que sirven de refugio y a las temperaturas moderadas del invierno extremeño proporcionan a estas aves un hábitat óptimo para pasar los meses invernales.
 
Considerando conjuntamente las áreas de campeo, de alimentación y los dormideros, se estima que la superficie ocupada por esta especie estaría en torno a 1.835.000 ha, lo que representa el 44% de la superficie de la región. Se trata, por tanto, de una especie que puede observarse con facilidad en gran parte del territorio extremeño.

Las grullas son aves de tamaño grande y silueta estilizada, con cuello y patas muy largas y plumaje grisáceo. Pico pardo verdoso, más corto que el de garzas y cigüeñas. Patas oscuras. Ojo rojo. Longitud 114-130 cm y envergadura 200-230 cm. Peso entre 4 y 7 kg. Los machos son más corpulentos y de mayor talla que las hembras, aunque es difícil distinguirlos en campo (resulta más fácil cuando se observa un grupo familiar asilado).

El joven presenta un plumaje predominantemente pardusco, con la cabeza y cuello con tonos pardo rojizos. Carece del característico diseño rojo, negro y blanco en la cabeza. La falsa cola es menos aparente.

Grito muy característico (“kruu-kruu”) que puede escucharse a gran distancia y que emiten tanto en vuelo como posadas. La voz de los jóvenes es un silbido agudo y lastimero.

En migración es frecuente ver en grupos volando en forma de “V”.

Su dieta depende de los recursos disponibles en los hábitats donde se alimenta. Así, en las dehesas consumen principalmente bellotas de encina, en los cultivos de cereal de secano las semillas de trigo, cebada y avena, mientras que en los rastrojos de regadío buscan las semillas de arroz y maíz. En ocasiones también se alimentan en cultivos de leguminosas (habines) y de colza. Pueden consumir bulbos de especies silvestres (Arisarum, Arum, Biarum, Gynandriris, Hyacintoides, Romulea, Narcissus), tubérculos, tallos y brotes de herbáceas y de cereal, pequeños invertebrados, etc.

Merece destacar la especialización de las grullas en el consumo de la bellota, siendo de las pocas especies de aves que logran eliminar por completo su cáscara antes de ingerirla. En ocasiones aprovechan depresiones de terreno para colocar las bellotas y lograr picotear su cáscara con más facilidad. Los restos de las cáscaras pueden encontrarse bajo las encinas, apreciándose perfectamente las marcas y agujeros producidos por el pico. Del mismo modo, muestran una notable habilidad para desenterrar bulbos, apreciándose perfectamente las zonas donde han estado alimentándose, ya que el terreno aparece completamente removido por la actividad de su pico.

Las poblaciones de grulla común (Grus grus) utilizan dos rutas migratorias muy definidas a través de Europa. Por un lado, la “ruta occidental” sería la utilizada por las aves que nidifican en Europa continental, países ribereños del mar Báltico y escandinavos, que se desplazarían hacia el suroeste para establecer sus cuarteles de invernada en España, Portugal, Marruecos y Francia. Por otro, la “ruta oriental” implicaría a aves que nidifican más al norte y al este que las anteriores (gran parte de las poblaciones de Finlandia y del oeste de Rusia y ex-repúblicas), que se dirigirían al sur cruzando Estonia, Lituania, Polonia Hungría e Italia, para pasar el invierno en Túnez, Libia y Argelia. Otra variante de la ruta oriental se desplaza un poco más al este, bordeando el Mar Negro y el Mar de Mármara a través del Estrecho del Bósforo (Turquía), y alcanzando regiones situadas mucho más al sur, en Egipto, Etiopía y Sudán. Se han constatado casos de ejemplares que han utilizado indistintamente las dos rutas.

Ambas rutas han experimentado importantes cambios en los últimos años, ampliando sus zonas de invernada hacia el norte. En el caso de la occidental, ha aumentado notablemente la presencia de estas aves en países como Francia (por ejemplo en Lac du Der-Chantecoq, a menos de 200 km de Luxemburgo y Bélgica, prácticamente en el centro de Europa). Y con la oriental ocurre algo similar, constatándose una creciente importancia de la invernada en Hungría, Croacia, Serbia o Bosnia-Herzegovina, en detrimento de los cuarteles tradicionales próximos al Mar Rojo. Se asume que estos cambios están asociados al aumento de la disponibilidad de alimento (nuevos zonas de regadío, cambios en los cultivos), existencia de adecuadas zonas de dormidero (nuevos embalses, regadíos) y la disminución de las molestias (actividades cinegéticas) Por otra parte, las condiciones climáticas imperantes están propiciando inviernos menos adversos.
 

Las poblaciones de grulla común han experimentado un notable y progresivo aumento en sus áreas de reproducción durante las últimas décadas, hecho que se ha visto reflejado proporcionalmente en las áreas de invernada. En la década de los 80, la población invernante en la península ibérica no superaba las 55.000 aves, mientras que los censos más recientes (SEO/BirdLife, 2007) estiman sus efectivos en más de 150.000 aves.

La llegada de las grullas ocurre principalmente durante la segunda quincena de octubre, incrementándose progresivamente hasta alcanzar las máximas poblaciones entre diciembre y enero. Las llegadas más tempranas se producen en las primeras semanas de octubre (excepcionalmente en septiembre) y se pueden ver las últimas aves hasta principios de abril. Excepcionalmente hay ejemplares que no migran y que pueden permanecer aquí durante el verano, pero suele tratarse de aves débiles, enfermas o con alguna lesión.


Tradicionalmente se asocia esta especie a las dehesas de encinas, ya que la bellota es uno de sus principales alimentos durante el invierno. De hecho, casi todos los núcleos de invernada existentes en Extremadura integran en mayor o menor proporción zonas de dehesas, pero también pueden establecerse en áreas con cultivos de cereal (cebada, trigo, avena) o pastizales con árboles muy dispersos. Los cultivos de arroz y de maíz son intensamente utilizados por las grullas en invierno, puesto que en las fechas en las que llegan a Extremadura ya han sido cosechados y aprovechan la disponibilidad de alimento que ofrecen los rastrojos, donde encuentran con facilidad restos de semillas.



Las grullas mantienen rutinas muy marcadas, desplazándose a los comederos durante el día y volando al final de la jornada a los dormideros comunales, donde pueden llegar a concentrarse miles de aves. En ocasiones establecen predormideros en las inmediaciones de un dormidero principal, donde se agrupan antes de volar definitivamente a este último. Son especies eminentemente gregarias, pudiendo formar grandes bandos de varios cientos de ejemplares. No obstante, es frecuente también ver grupos familiares aislados, en los que los adultos acompañan a los jóvenes durante toda la invernada y pueden mantenerse al margen de los grandes bandos de alimentación.

Durante los vuelos migratorios los grupos se desplazan a gran altura adoptando una peculiar disposición en forma de “V”, a la vez que emiten su distintivo y sonoro canto. Al final de la invernada es relativamente frecuente observar bandos de grullas que comienzan su retorno hacia el norte. Entonces pueden verse grandes grupos de aves volando en círculos en busca de corrientes térmicas, hasta que alcanzan la altura suficiente para llegar planeando hasta su siguiente destino.


miércoles, 15 de octubre de 2014

La custodia del territorio: instrumento de gestión del patrimonio natural armonizando las actividades antrópicas y la conservación del entorno ambiental


Custodia proviene del latín “custodia/custodiae”; guardar, conservar, respetar o cuidar

La custodia del territorio es un conjunto de estrategias e instrumentos que pretenden implicar a los propietarios y usuarios del territorio en la conservación y el buen uso de los valores y los recursos naturales, culturales y paisajísticos. Para conseguirlo, promueve acuerdos y mecanismos de colaboración continua entre propietarios, entidades de custodia y otros agentes públicos y privados (Basora Roca, X. y Sabaté i Rotés, X. 2006).

Un acuerdo de custodia es un procedimiento voluntario entre un propietario y una entidad de custodia para pactar el modo de conservar y gestionar un territorio. El pacto puede ser verbal o escrito (Basora Roca, X. y Sabaté i Rotés, X. 2006).

Las entidades de custodia son organizaciones públicas o privadas sin ánimo de lucro que participan activamente en la conservación del territorio mediante las técnicas de custodia del territorio. Pueden actuar de entidad de custodia organizaciones tan diversas como una asociación de vecinos, una organización conservacionista, una fundación, un ayuntamiento, un consorcio y otro tipo de ente público (Basora Roca, X. y Sabaté i Rotés, X. 2006).

Un poco de antecedentes históricos

Los orígenes de la custodia del territorio se remontan a finales del siglo XIX en Estados Unidos (el término utilizado en inglés es land stewardship). Desde entonces, este movimiento se ha ido extendiendo fundamentalmente por Canadá, América Latina y Europa, aunque se conocen experiencias de custodia del territorio en numerosos países del resto de los continentes.

Aunque en España se conocen ejemplos de reservas privadas desde finales de la década de los setenta del siglo XX, y la utilización de esta herramienta de conservación se ha ido extendiendo con el paso del tiempo a lo largo y ancho de la geografía nacional, a la custodia del territorio aún le queda un largo camino por recorrer que ha de ser definido por sus diferentes agentes sociales implicados.

La primera de estas experiencias en nuestro país surgió en 1975 con la creación del Refugio de Rapaces de Montejo de la Vega en Segovia promovida por Félix Rodríguez de la Fuente y WWF/Adena. A ésta le siguieron muchas otras acciones promovidas por organizaciones como ADENEX, SEO/Birdlife, Fundación Oso Pardo, GOB-Mallorca, Fundación CBD-Hábitat, Fundació Territori y Paisatge y Fundación Global Nature, por citar algunas, además de Administraciones públicas como la Junta de Andalucía, la Generalitat Valenciana y Ayuntamientos.

En el año 2000 se firma la Declaración de Montesquiu, considerado el primer documento que formaliza el concepto y el movimiento de la custodia del territorio en España. En el año 2003 se crea la Xarxa (red en catalán) de Custòdia del Territori (xct). Desde entonces otras iniciativas de custodia del territorio de ámbito autonómico han ido apareciendo. Así en el 2005 se creó Avinença, la Asociación Valenciana de Custodia y Gestión Responsable del Territorio y en el 2006 Ínsulas, la Red Andaluza de Custodia y Gestión del Territorio e ICTIB, la Iniciativa de Custodia del Territorio de las Islas Baleares. En el año 2008 se ha constituido la Asociación Galega de Custodia do Territorio. Además, se está constituyendo el Foro Estatal de Custodia del Territorio el cual trabaja de manera estratégica y conjunta para la promoción institucional, social, legal y técnica a nivel estatal del concepto de custodia del territorio y su aplicación en la gestión y conservación del patrimonio natural, cultural y del paisaje.

Por último, en el 2004, 2006 y 2008 se han venido celebrando las Jornadas Estatales sobre la Custodia del Territorio en el CEMACAM de Torre Guil, Murcia, organizadas por la Cátedra UNESCO de Territorio y Medio Ambiente de la Universidad Rey Juan Carlos con el patrocinio de la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM), las cuáles han servido como foro de intercambio de experiencias entre personas y entidades públicas y privadas de éste y otros países, y para analizar los principales retos para la consolidación de la custodia del territorio en España. Las IV Jornadas Estatales de Custodia del Territorio se han celebrado en el año 2010 en Asturias organizadas por el FAPAS con el apoyo de la Fundación Biodiversidad. 

Actualmente se conoce la existencia de 1336 acuerdos de custodia repartidos por todo el territorio español, salvo en Ceuta y Melilla. Estas cifras suponen un incremento de 630 acuerdos respecto a las cifras de 2008 (706 acuerdos). La superficie total dedicada a la custodia del territorio en España asciende en 2010 a 292.746,96 ha, lo que supone un incremento de 114.870,29 ha respecto a las cifras de 2008. Hay un total de 270 acuerdos distribuidos entre las distintas entidades en los que no se especifica la superficie de la finca custodiada, por lo que la cifra final real sería superior a la indicada. Salvo Ceuta y Melilla, todo el territorio español cuenta, en mayor o menor medida, con terrenos dedicados a la custodia.

 
El número total de entidades de custodia ha experimentado un incremento importante respecto a las cifras de 2008 llegándose a contabilizar un total de 130, frente a las 85 existentes en 2008. Veinticuatro de estas no tienen suscritos acuerdos y sin embargo se consideran entidades de custodia por estar implicadas activamente en el desarrollo de esta estrategia de conservación (organismos científicos o dependientes de la universidad, administraciones públicas, ONG…). Las comunidades de Navarra, Canarias, La Rioja y las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla no cuentan todavía con entidades de custodia propias, si bien todas ellas, salvo Ceuta y Melilla, poseen terrenos custodiados por otras entidades de ámbito estatal. Además de las 130 entidades de custodia existen 7 redes autonómicas que impulsan la custodia del territorio en sus ámbitos de trabajo al tiempo que apoyan a las entidades de custodia en el desarrollo y mejora de su actividad.

Características de una actuación de custodia del territorio

La custodia del territorio...
… es una estrategia complementaria, y no sustitutiva, de los otros mecanismos de protección existentes.
... tiene como objetivo último la conservación a largo plazo de los valores naturales, culturales y paisajísticos de un lugar determinado.
… implica principalmente a los propietarios de las fincas y a las entidades de custodia, con el posible apoyo de administraciones públicas, usuarios y patrocinadores.
... se dirige principalmente a terrenos privados o municipales.
… se vale del acuerdo de custodia como instrumento primordial que permite la colaboración entre entidades de custodia y la propiedad.
… se basa en el principio de voluntariedad.
… y sus acuerdos se fundamentan en la motivación y la confianza mutua de propietarios y entidades de custodia.
… promueve modelos de gestión de las fincas coparticipativos.
... otro de los ejes fundamentales de trabajo de esta organización es la promoción y el desarrollo de la investigación aplicada a la custodia del territorio como un instrumento de conservación y gestión responsable de los recursos naturales y culturales.
... se alimenta de diversas disciplinas como la educación, las relaciones públicas, la mediación, el desarrollo comunitario, la gestión y los usos del territorio y de la naturaleza, los acuerdos jurídicos o el urbanismo.

Todo esto facilitando el rendimiento económico (ecoturismo, producción forestal, agricultura, ganadería, caza, pesca, ocio...) que los propietarios esperan obtener de sus tierras, pero con responsabilidad.
Los agentes de la custodia
Para llevar a la práctica los acuerdos de custodia hace falta la participación de:
·         La propiedad privada y determinadas formas de propiedad pública o común  
(asociaciones, fundaciones, municipal, comunal, de dominio público...) que es quien negocia, acepta y desarrolla acuerdos de custodia en sus fincas.
·         Las entidades de custodia de la sociedad civil (asociaciones, fundaciones...) o públicas (ayuntamientos, consorcios de gestión de territorio, espacios protegidos...), que son las impulsoras de las iniciativas de custodia.




·         Las administraciones públicas que impulsan la custodia a través de la legislación, ayudas, ventajas fiscales, apoyo técnico y formativo, alianzas con entidades de custodia...

 

·         La ciudadanía y las organizaciones de la sociedad (instituciones, empresas...) que apoyan y reconocen la actividad de los propietarios y las entidades de custodia.
La custodia del territorio depende totalmente de mecanismos de participación de estos agentes, donde el trabajo conjunto en alianza se convierte en el camino clave para conservar el territorio y satisfacer los objetivos de todos.

Mecanismos de custodia

Los mecanismos que utiliza la custodia del territorio son muy variados y van desde la sensibilización, las actividades de educación y voluntariado para la gestión responsable, a acuerdos voluntarios para la gestión de fincas que entrañan diferentes niveles de compromiso.
 
Estos acuerdos pueden implicar requisitos legales, la cesión de la gestión de una finca e incluso la adquisición de derechos reales, o la compra de la finca por parte de una entidad de custodia.

Las entidades de custodia utilizan diferentes mecanismos que tienen a disposición en función de su capacidad de actuación de sus recursos, pero en todos los casos buscan el intercambio de opiniones y los acuerdos con los propietarios, ofreciendo a estos la posibilidad de hacerse responsables de los valores que tiene su finca.
Hay que tener presente que en la mayoría de los casos el mantenimiento de una gestión activa por parte de la propiedad es imprescindible de cara a poder hacer una buena custodia del territorio. Razón por la cual el acuerdo de custodia intenta integrar además la actividad económica y productiva de la finca. Así por ejemplo, se pueden conservar determinadas zonas del bosque que son interesantes para especies de fauna al tiempo que ofrecen recursos forestales y/o no forestales que se pueden explotar; o mantener un determinado tipo de cultivo o área de pasto que genere una rentabilidad económica; o preservar márgenes o muretes de piedra seca que son de utilidad para el propietario y además tienen un valor paisajístico.

Opciones de custodia del territorio

Los acuerdos de custodia sin transmisión de la gestión, la propiedad conserva la gestión de una finca y se fijan unas tareas de gestión y protección coparticipativa que esta aplicará, asesorada por la entidad, la cual velará porque se cumplan a través de un contacto regular con la propiedad y un seguimiento periódico de la finca y de los términos del acuerdo.

Dentro de este grupo se pueden encontrar:

1.     Los acuerdos verbales
2.     Los contratos de custodia del territorio
3.     El arrendamiento de servicios y mandato
4.     El establecimiento de limitaciones voluntarias al derecho de la propiedad

En los acuerdos de custodia con transmisión de la gestión, la entidad de custodia asume la gestión total o parcial de la finca. En este caso la entidad adquiere el compromiso de velar también por la conservación según lo que establece el acuerdo jurídico.

En este grupo se encuentran las siguientes opciones legales:

1.     El arrendamiento de derechos de tala, pasto u otros
2.     La cesión de uso
3.     El arrendamiento
a.     La transmisión de derechos reales
b.     Las servidumbres
4.     Los derechos reales de aprovechamiento parcial
5.     El usufructo
6.     La fiducia
7.     La transmisión de la propiedad por donación, compraventa, permuta o legado
Otras vías de colaboración en la custodia del territorio son:
·         Donaciones monetarias y materiales
·         Compradores de custodia
·         Avales a la custodia
·         Voluntarios para la custodia



     Son caras de la misma moneda la dinamización económica gracias a la puesta en marcha de iniciativas como el ecoturismo, turismo rural, educación ambiental y otras manteniendo la compatibilidad con la conservación del patrimonio natural y cultural   

 






La custodia del territorio se perfila como una herramienta viable para potenciar la conservación de los espacios que combinan valores naturales y culturales



Belchite, ciudad azotada por la guerra civil (1936 - 1939)

El turismo cultural, a veces en lugares despoblados del interior, también se dinamiza. 

Fueron catorce días del calurosísimo verano de 1937, entre el 24 de agosto y el 6 de septiembre, en que Belchite, tuvo la mala suerte de quedar atrapado en una de las ofensivas republicanas más importante, la batalla de Zaragoza. Las crónicas cuentan que en Belchite, entonces una próspera localidad de unos 5.000 habitantes, tuviera lugar una batalla de una crueldad extrema: miles de atacantes y miles de defensores se batieron calle por calle y casa por casa en mitad de un calor infernal y con centenares de cadáveres reduciéndola a un monumental amasijo de escombros y cadáveres.

Hoy, más de 75 años después, podemos recorrer lo que quedó del pueblo como un espectral museo de los horrores de la guerra, más realista por cuanto que no es tal, sino el lugar donde todo ocurrió y la mejor muestra de lo que puede llegar a ser una batalla.

¿Qué son las Redes de Custodia?

En algunas comunidades autónomas del Estado español se han creado organizaciones de segundo nivel que están impulsando la custodia del territorio en sus ámbitos de trabajo al tiempo que apoyan a las entidades de custodia en el desarrollo y mejora de su actividad.

En su mayoría, estas organizaciones se han constituido como “redes” inspirándose en el modelo de la Xarxa de Custòdia del Territori de Cataluña que fue la primera de este tipo de organizaciones que apareció en el Estado español en el año 2003. A su vez, éstas agrupan otras entidades, propietarios, Administraciones, organizaciones privadas, etc.

Cada una de estas redes está trabajando por desarrollar un modelo de custodia que se ajuste a su propia realidad social, cultural y natural teniendo en cuenta las particularidades de su territorio.

Un ejemplo: Título del ACUERDO: Refugio Natural de la Peña Montañesa
Lugar: Refugio Natural de la Peña Montañesa
Comunidad: Aragón
Provincia: Huesca
Municipio: Pueyo de Araguas
Entidad de custodia: Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos
Tipo de acuerdo: Contrato de custodia del territorio