La vida y su conservación

Las especies son esenciales en el funcionamiento de la vida en nuestra casa que es nuestro planeta; por eso, es importante conservarlas.
Con este objetivo, tenemos que saber cómo son, cómo se organizan en comunidades y cómo interactúan en los sistemas ecológicos.
En el último siglo XX, hemos visto degradaciones ambientales enormes: muchas especies en extinción o en drástica reducción de sus poblaciones, la destrucción o alteración rápida de sus ecosistemas y cambios nunca vistos en el clima del planeta. Esta gran crisis ambiental ha coincido con la disminución de las ciencias naturales en los centros académicos de referencia.
Mostrando entradas con la etiqueta biodiversidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta biodiversidad. Mostrar todas las entradas

miércoles, 13 de abril de 2016

España ha incorporado 56 nuevas especies exóticas a su Lista de Aves en los últimos 7 años




La llegada de especie exóticas o alóctonas a un lugar tiene importantes consecuencias sobre las especies autóctonas, ya que introduce cambios ecológicos interespecíficos pudieron alterar severamente las redes tróficas del ecosistema al que invaden y modificar el status de las propias especies autóctonas.

Siempre ha existido este fenómeno de forma natural, hace decnes de años taxones con la garcilla bueyera (Bubulcus ibis) o a tórtola turca (Streptopelia decaocto)  eran extrañas. Lo mismo ocurre con mamíferos como el corzo (Capreolus capreolus) que era desconocido en muchas partes de España donde ahora está presente y es abundante.

El problema surge cuando interiene de forma masiva el ser humano, como las conocidas cotorras argentinas (Muyositta monachus) y las cotorras de Kramer (Psittacula krameri hasta la expansión de gatos y ratas en una isla donde, como ecosistema frágil, los daños a las especies autóctonas y a veces endémicas pueden llevarlas a umbrales críticos o a la misma extinción. Existen desplazamientos de las especies autóctonas y reducicción hasta la casi existinción como consecuencia de la entrada y expansión de las especies alóctonas o exóticas.

En el pasado la introducción del cagrejo de ría americano y de la truca americana desplazaron a las cabeceras de los ríos a la trucha y al cagrejo común.



Además del comercio ilegal, la globalización y la consecuente facilidad para viajar grandes distancias, ha agravado este problema.

La biodiversidad española ha incorporado 56 nuevos taxones a su Lista de las aves que suma ya 569 taxones; 206 de los cuales son considerados rarezas.

El catálogo, que actualiza el anterior de 2005, se publicó en 2012. Pero hoy se han conocido más datos al respecto; pues, como subrayan desde la organización, «no es sencillo determinar qué especies hay que incluir dentro del índice»; «requiere de un análisis pormenorizado». 

El motivo de que la Lista de las aves de España sea tan cambiante se debe a tres razones. En primer lugar, a los avances científicos. Por ejemplo, existen estudios genéticos que modifican el rango de antiguas variedades que ahora pasan a considerarse especies. Es el caso del herrerillo canario o el rabilargo ibérico.

También hay formas que varían su nombre gracias a los estudios taxonómicos de afinidad entre ellas. Es el caso de la separación del antiguo género de los carboneros y herrerillos (Parus) en cinco: carbonero común; carbonero garrapino: carbonero palustre; herrerillo azul; herrerillo canario; herrerillo capuchino.

Además, otras investigaciones, como las que implican el marcaje de aves con técnicas de seguimiento por satélite o el análisis de isótopos, han añadido nuevas especies a la Lista. Por ejemplo, un halcón sacre húngaro marcado con un emisor vía satélite viajó por España y llegó a África en 2009, demostrando que no todas las observaciones de este taxón son aves escapadas de cetrería, sino que podían incluir divagantes naturales.

Predominio de las «rarezas»

En segundo lugar han aumentado las citas homologadas de aves divagantes o «raras», que suman 206 especies, el 36% de la Lista, frente al 26% de hace cinco años. 

Algunos casos corresponden a taxones que arriban de manera ocasional a España empujadas por fenómenos meteorológicos extremos como huracanes, olas de frío polares o de calor africano debido a la estratégica situación de la península Ibérica, que se halla en una encrucijada entre rutas y áreas donde confluyen migrantes que van y vienen de Europa a África, pero también divagantes de Asia o América del Norte. 

El buitre dorsiblanco africano, el bisbita norteamericano, el piquero patirrojo o el paíño ventrinegro, muy raros en el contexto europeo, son algunos ejemplos. 

Exóticas aclimatadas



Por último, contribuyen a engrosar la Lista especies introducidas o propias de otras latitudes -15 en total-, que bien por la bonanza del clima o porque llegan de países más norteños, se han instalado aquí, caso del ganso del Nilo (Alopochen aegyptiaca). Seis de estos taxones son introducciones naturalizadas como el faisán (Phaisanus colchinus),o incluso pequeños pájaros de jaula capaces de sobrevivir en libertad, como el ruiseñor de Japón (Leiothrix lutea), el pico de coral senegalés (Estrilda astrild), el bengalí rojo (Amandava amandava) o la tórtola de collar (Streptopelia roseogrisea).


La malvasía canela (Oxyura jamaicensis), y el ibis sagrado (Threskiornis aethiopicus) provocan serios problemas de conservación en Europa por hibridarse con taxones nativos, lo que hace necesario llevar a cabo acciones de control y manejo para evitar su expansión.

 

martes, 12 de abril de 2016

Las plumas con la que se construyen los nidos contienen un efecto antibacteriano



Investigadores de la Estación Experimental de Zonas Áridas de Almería han comprobado que las plumas en los nidos reducen la cantidad de microorganismos patógenos que pueden afectar a la salud de los embriones. El estudio, realizado con estorninos, es un primer paso para el análisis de estas propiedades antimicrobianas en otras especies.

Investigadores del departamento de Ecología Funcional y Evolutiva de la Estación Experimental de Zonas Áridas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (EEZA-CSIC), en Almería, han demostrado efectos antimicrobianos en las plumas que muchas aves utilizan en la construcción de sus nidos. Las plumas también pueden funcionar como barrera defensiva contra los microorganismos.


Este material disminuye la cantidad de bacterias presentes en la cáscara de los huevos y, por tanto, la probabilidad de que puedan pasar a través de los poros y poner en peligro la salud de los embriones. Con ello se comprueba la eficacia de estos materiales en otras especies de aves.


Debido a las condiciones de temperatura y humedad asociadas a la actividad biológica, los nidos de aves son ambientes propicios para el crecimiento de diversos microorganismos que, según los investigadores, pueden traspasar la cáscara del huevo y causar enfermedades a los futuros polluelos.


Para protegerse de estos patógenos, los pájaros adultos utilizan sistemas de defensa variados. Por ejemplo, algunas especies embadurnan los huevos con una secreción que generan ellas mismas, a través de la glándula uropigial, con propiedades antimicrobianas que reducen la densidad de bacterias de la superficie. 


Otras especies construyen cada año nidos nuevos libres de parásitos y microorganismos patógenos o eliminan los viejos materiales de construcción del lecho antes de comenzar a criar y algunos utilizan materiales con propiedades antiparasitarias y antimicrobianas como ciertas plantas o incluso colillas de cigarrillos.


Los investigadores almerienses han demostrado que las plumas también pueden funcionar como barrera defensiva contra los microorganismos. En las plumas habitan grupos de bacterias que se alimentan de la queratina, la proteína principal de la pluma. Estos microorganismos compiten por los nutrientes y el espacio con el resto de bacterias del nido, ya estén en la cáscara de huevo o en las propias plumas. 


Para ello, segregan sustancias antimicrobianas que tienen efectos negativos sobre el resto de competidores: los eliminan o reducen su cantidad, explica la investigadora de este proyecto, Cristina Ruiz-Castellano, de la Estación Experimental de Zonas Áridas.


Según los expertos, la mayoría de estudios realizados hasta la fecha sobre nidos revestidos de plumas se han centrado en sus propiedades termorreguladoras, es decir, en sus efectos aislantes de las condiciones climáticas externas; o en su papel de atracción sexual y exhibición durante el cortejo. 


Sin embargo, su función como agente antimicrobiano era sólo conocida en nidos de golondrina común por lo que consideramos necesario explorar ese efecto en otras especies como los estorninos.


En blanco o coloreadas


Los científicos también han comprobado las propiedades antimicrobianas en dos tipos de plumas: blancas o sin pigmento y pigmentadas.


Una de las sustancias que da color a las plumas es la melanina. Ésta dificulta que las bacterias que viven en ella se alimenten de la forma adecuada. Al disponer de menor cantidad de nutrientes, los microorganismos crecen menos y, por tanto, la cantidad de compuestos antibióticos que se produciría por superficie de pluma sería menor. 


Sin embargo, los resultados, recogidos en un artículo publicado en la revista Plos One, muestran un comportamiento similar en las dos variedades. "Apenas hay cambios. Encontramos que ambos tipos de plumas reducen la carga bacteriana aunque en los estudios con golondrinas se mostraban mayores efectos con plumas blancas", prosigue Ruiz-Castellano.


Estas propiedades, detectadas en plumas mediante experimentos en los que se incluía o se retiraba este tipo de material de nidos de estornino, dependieron de la zona y del año de estudio.

 "La temperatura, la humedad, el nivel de precipitaciones, la zona o la época del año son factores que influyen en la proliferación de bacterias", dice Ruiz-Castellano.


Como causas de esas diferencias, los expertos señalan las condiciones ambientales y geográficas. 



La temperatura, la humedad, el nivel de precipitaciones, la zona o la época del año son factores que influyen en la proliferación de bacterias, con independencia de los materiales elegidos por los estorninos para construir sus nidos. Por tanto, los efectos beneficiosos de las plumas son más fácilmente detectados en ambientes con elevado riesgo de infección, explica la investigadora.


El fenómeno de la incubación


Los ensayos se realizaron en una finca situada en Hoya de Guadix, en la provincia de Granada. Durante dos años, los expertos recogieron y analizaron muestras procedentes de dos tipos de nidos: naturales, construidos por los estorninos, y artificiales, fabricados por los investigadores con material sintético y forrados de plumas y plantas.


“Las plumas, blancas y pigmentadas, procedían de gallinas que crecen en granjas cercanas a la zona de estudio. Son del mismo tipo que las que utilizan los estorninos. En nuestro experimento, también utilizamos plantas como otro material con propiedades antimicrobianas haciendo una mezcla de las cuatro especies más usadas por estas aves”, continúa.


Sobre esos nidos artificiales, los investigadores colocaron huevos de codorniz y estudiaron la colonización por bacterias en ausencia de la incubación, una actividad que reduce la carga bacteriana de la cáscara del huevo. 


Al menos en ambientes tropicales, está demostrado que los microorganismos patógenos disminuyen en la superficie de los huevos durante el periodo de incubación. Parece ser que estos efectos están relacionados con la disminución de las condiciones de humedad a que están sometidas las cáscaras.


Los expertos comprobaron que los efectos beneficiosos de las plumas se producían en los dos tipos de nidos aunque se detectaron con mayor facilidad en los construidos de forma artificial, sin actividad de incubación.


“Esto nos conduce a dos conclusiones. La primera, el buen funcionamiento de este material como sistema de defensa contra las bacterias. La segunda, el papel activo que, de hecho, tiene la incubación ya que en nidos naturales estos efectos fueron más difíciles de determinar”.


Ya que las aves continúan aportando plumas y plantas a los nidos durante los primeros días de vida de los polluelos, en su próximo proyecto los investigadores explorarán los efectos antimicrobianos de estos materiales en crías de estorninos.

Referencia bibliográfica: 
Cristina Ruiz-Castellano, Gustavo Tomás, Magdalena Ruiz-Rodríguez, David Martín-Gálvez, Juan José Soler. ‘Nest material shapes eggs bacterial environment’. Plos One 2016; 11(2): e0148894. http://dx.doi.org/10.1371/journal.pone.0148894


viernes, 8 de abril de 2016

El guepardo es el animal terrestre más rápido del mundo.


El guepardo es el animal terrestre más rápido del mundo. Este felino cuenta con muy poco peso, sus largas extremidades, su escasa fricción o rozamiento, con patas rugosas y unas garras no retractables les permiten aferrarse al suelo mientras realizan cambios de dirección a alta velocidad.


La extremada rapidez (29 m/s) del guepardo (por 12 m/s de Bolt en la marca de su récord mundial), no se debe tanto a su velocidad como a su capacidad de acelerar y desacelerar rápidamente.
 
Según los expertos en biomecánica del aparato locomotor, midiendo la energía que producen sus músculos en relación con su tamaño, y comparándola con la que genera el velocista Bolt, ha comprobado que la potencia muscular de este felino cuadriplica a la del humano más veloz del mundo.


Es capaz de alcanzar los 29 metros por segundo, muy por encima de los caballos (19 m/s), los galgos (18 m/s) y, por supuesto, los seres humanos (el atleta Usain Bolt, récord mundial de los 100 y 200 metros lisos, llega a un máximo de 12,35 m/s). Es fácil concluir que es su famosa carrera la que permite al felino ser un cazador implacable, pero una investigación del Royal Veterinary College de Londres publicada en la revista Nature ha demostrado que esa no es su estrategia. 

Generalmente, ni siquiera llega a su máxima velocidad mientras persigue una presa, pero sí exhibe una impresionante capacidad de aceleración, cuatro veces superior a la del deportista jamaicano, y de cambiar de dirección en un instante. No importa que la víctima huya desesperada a derecha e izquierda, el guepardo reaccionará con una potencia descomunal.


El equipo, dirigido por el investigador Alan Wilson, quería estudiar por primera vez la locomoción del felino en la naturaleza, en condiciones reales. Hasta el momento, las mediciones se habían realizado en cautividad. 

Durante 17 meses, los científicos estudiaron 367 carreras, la mayoría en pleno ejercicio de caza, de cinco ejemplares en su hábitat natural en Bostwana, utilizando un nuevo collar de seguimiento diseñado por ellos mismos. El ingenio combina un GPS con precisa tecnología para medir la dinámica locomotora del guepardo.

                                                            Un guepardo del estudio con su collar de seguimiento

De esta forma, registraron algunas carreras de hasta 25,9 m/s (93 km/h), por debajo del récord de «Sarah», la guepardo más veloz del mundo (98 km/h), que vive en el Zoo de Cincinnati. Pero para su sorpresa, la mayoría eran considerablemente más lentas. Pocas superaron los 20 m/s y la media fue de alrededor de 14 m/s.

Estos depredadores capturan sobre todo impalas, que componen la mayor parte de su dieta, aunque un ejemplar macho demostró una clara predilección por los facóqueros, una especie de jabalí verrugoso africano. Las carreras observadas por los científicos detrás de estas presas partían desde la más absoluta quietud o desde movimientos lentos, cuando el animal estaba ya al acecho, y recorrían una media de 173 metros, aunque algunas superaban los 500. 

Comenzaban con un período de aceleración hasta alcanzar una velocidad alta. Entonces, los guepardos frenaban y se lucían en un violento despliegue de acelerones y parones hasta abalanzarse sobre el asustado herbívoro.

Poderosos músculos

La impresionante capacidad de maniobra, la mayor de un mamífero terrestre, duplica la de los caballos de polo y supera la de los galgos en el inicio de una carrera. Los investigadores creen que está relacionada con la estructura del esqueleto y los músculos del felino, además de con sus garras no retráctiles que garantizan un agarre considerable, mejor que el de cualquier neumático. Comparado de nuevo con Usain Bolt, la fuerza muscular desarrollada por el guepardo (100 vatios por kilogramo de peso corporal) en plena aceleración es cuatro veces mayor que la calculada cuando el deportista corrió los 100 metros en 9,58 segundos (25 w/kg).

A pesar de semejante alarde, los guepardos no siempre tuvieron éxito en sus campañas de caza. Los investigadores creen que solo terminaron con el estómago lleno en una de cada cuatro intentonas.