La vida y su conservación

Las especies son esenciales en el funcionamiento de la vida en nuestra casa que es nuestro planeta; por eso, es importante conservarlas.
Con este objetivo, tenemos que saber cómo son, cómo se organizan en comunidades y cómo interactúan en los sistemas ecológicos.
En el último siglo XX, hemos visto degradaciones ambientales enormes: muchas especies en extinción o en drástica reducción de sus poblaciones, la destrucción o alteración rápida de sus ecosistemas y cambios nunca vistos en el clima del planeta. Esta gran crisis ambiental ha coincido con la disminución de las ciencias naturales en los centros académicos de referencia.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Crónica de una extinción difícilmente explicable: la paloma migratoria americana (Ectopistes migratorius). Un siglo sin ella.


Se cumple hoy 1 septiembre, 2014, exactamente un siglo de la extinción de una de las aves más espectaculares del mundo, la paloma migratoria americana (Ectopistes migratorius), cuyos gigantescos bandos de millones de ejemplares dejaron atónitos a los primeros europeos que recorrieron América del Norte.
La extinción de la paloma migratoria (Ectopistes migratorius) es un fenómeno paradójico en biología de la conservación que nos debería hacer reflexionar a los seres humanos sobre la capacidad de destrucción masiva de una especie contada por millones de ejemplares en una época, el siglo XIX, donde nuestra huella e influencia sobre el entorno era infinitamente menor que actualmente.


Macho y hembra de paloma migratoria americana dibujados por John Audubon en el siglo XIX.

Esos mismos hombres las cazaron con tal avidez que consiguieron que no quedara ni una sola. Era tal la abundancia de aquel recurso que lo consideraban inagotable. Pero en unas pocas décadas descubrieron que la persecución masiva y constante en sus zonas de cría y descanso estaban borrando aquella maravilla natural de la faz de la Tierra. Con sus hábitos coloniales, las palomas eran extremadamente fáciles de capturar. Cuando se dieron cuenta de que esa persecución masiva estaba aniquilándolas, quisieron evitarlo, pero ya era demasiado tarde. Habían causado tal destrozo que las poblaciones no pudieron recuperarse y desaparecieron para siempre.
Todavía viven algunas personas que recuerdan haber visto palomas en su juventud; aún quedan árboles en pie que fueron sacudidos por ese viento viviente. Pero dentro de unas décadas sólo los viejos robles lo recordarán y, después, tan sólo las colinas lo sabrán.
Aldo Leopold, Un monumento a la paloma migratoria, 1947
Sabemos que hace justo 100 años de la muerte de la última paloma migratoria porque fue precisamente un 1 de septiembre de 1914 cuando murió en el Zoo de Cincinnati el último ejemplar conocido, una hembra apodada Martha. La última de las palomas migratorias vivió sus últimos años solitaria y sin posibilidad de reproducirse, conservada como una reliquia de la América salvaje, un testimonio vivo de lo que la avaricia y la estupidez humana pueden llegar a producir.
La placa en la Smithsonian Institution reza: "MARTHA, última de su especie, murió a la 1. p.m., el 1 de septiembre de 1914, a los 29 años, en el Cincinnati Zoological Garden. EXTINTA"

La extinción de la paloma migratoria americana es un ejemplo conmovedor de lo que sucede cuando los intereses del hombre chocan con los de la naturaleza
Son muchas las especies de aves extinguidas en el mundo por la acción humana. Pero pocas desapariciones son tan dramáticas como la de la paloma migratoria americana. Si es triste el destino de cualquier especie que se pierde, es más desolador aún el de las condenadas en vida, como ocurrió con Martha. Y un estupendo relato también para nuestros días, cuando seguimos cometiendo los mismos errores y repitiendo por todo el globo y a una escala inimaginable la misma matanza y el mismo suicidio que se vivió en América con la paloma migratoria. Basta ver cómo el último informe de BirdLife International y la IUCN señala que el 13% de las especies actuales de aves está en riesgo de extinción.
La especie fue considerada la más abundante de EEUU
Para hacerse una idea del volumen de lo perdido, se piensa que la especie llegó a representar entre el 25% y el 40% de la población total de aves de los Estados Unidos y que había entre 3.000 y 5.000 millones de palomas migratorias en el momento en el que los europeos descubrieron América, según datos de la Smithsoniam Institution de EEUU.


 
Bando de millones de ejemplares de paloma migratoria.

En el siglo XVII, los primeros exploradores y colonos de América del Norte mencionaron con frecuencia a las palomas migratorias. El navegante francés Samuel de Champlain, fundador de la ciudad de Quebec, informó en 1605 de que había “innumerables” palomas en los nuevos territorios; el misionero Gabriel Sagard-Theodat, que exploró la tierra de los indios Hurones, escribió de “multitudes infinitas”, y el médico británico Cotton Mather describió un bando de palomas en migración que debía abarcar una milla de ancho y que estuvo volando por encima de él durante horas.
El naturalista y dibujante John James Audubon, padre de la ornitología en EEUU, describió así la migración en 1813: “Desmonté del caballo, me senté en un promontorio y empecé a anotar un punto por cada bandada que lograba avistar desde allí. En un rato me convencí de que era imposible seguir porque los pájaros no dejaban de pasar en incontables multitudes. Me levanté y cuando conté los puntos vi que había anotado 163 bandadas en 21 minutos [...] El aire estaba literalmente repleto de palomas; la luz del mediodía estaba oscurecida como por un eclipse; las cagadas caían del aire de forma no muy distinta a como lo hacen los copos de nieve y el continuo zumbido producido por el agitar de las alas tenía la capacidad de mecer los sentidos hasta adormecerme [...] Al final del día llegué a Lousville, a 55 millas, y las palomas seguían pasando en números similares, y lo siguieron haciendo durante tres días consecutivos”.
Las claves de la desaparición
Con tal abundancia, parece increíble que la paloma migratoria pudiera llegar a extinguirse. Pero debido a la caza y la pérdida de hábitat se transformó en una especie sumamente escasa a finales del XIX. Se habían convertido en una apreciada fuente de comida y un recurso perseguido ‘industrialmente’ para abastecer un gran circuito comercial. Fueron cazadas sin descanso, disparadas, capturadas en redes o chamuscadas en los dormideros comunales que construían en los árboles.
El último avistamiento (y muerte) de una paloma salvaje data de 1900, en el condado de Pike (Ohio). Desde entonces se ofrecieron recompensas por el avistamiento de nuevos ejemplares, pero no hubo más. De 1909 a 1912, la American Ornithologists’ Union ofreció 1.500 dólares a cualquier persona que encontrara un nido o colonia de anidación de palomas migratorias, pero estos esfuerzos fueron inútiles.
Después de eso, sólo sobrevivieron unas pocas en cautividad, que no fueron capaces de reproducirse entre ellas. La paloma migratoria era un ave colonial y gregaria y necesitaba un gran número de condiciones óptimas para la cría. Entre otras cosas, se cree que sólo comenzaba la nidificación cuando el número de congéneres que la rodeaba era de miles de ellos. La última paloma en morir fue Martha, que vivió 29 años en el Zoo de Cincinnati y cuyo cuerpo se conserva en el Museo de Historia Natural de la Institución Smithsonian de Washington.
Descripción de la especie
 paloma migratoria o paloma salvaje pertenece al orden Columbiformes. Su nombre científico es Ectopistes migratorius. Ectopistes significa “moverse o vagar”, por lo que la nomenclatura de la especie indica que era un ave que no sólo migraba en la primavera y el otoño sino que también se desplazaba continuamente para seleccionar entornos favorables para la alimentación y el descanso.

 
Dimorfismo sexual, macho y hembra, pintados por
 Louis Agassiz.

Su morfología iba acorde con sus características viajeras, con un vuelo descrito como ligero, veloz y con gran maniobrabilidad. La cabeza y el cuello eran pequeños; la cola larga y en forma de cuña, y las alas, largas y puntiagudas, impulsadas por grandes músculos pectorales que le daban capacidad para el vuelo prolongado. Los machos alcanzaban los 40 centímetros y tenían la cabeza y las partes superiores de un gris azulado con rayas negras en las alas. Lucían parches iridiscentes rosáceos en la garganta que cambiaban a un verde y púrpura metálicos en la parte posterior del cuello. El pecho era de un rosa suave, sombreado gradualmente a blanco en la parte inferior del abdomen. Los iris eran de color rojo brillante, al igual que las patas, de un rojo más tenue. Los colores de las hembras eran más apagados y pálidos.
El hábitat de la paloma migratoria
La principal zona de nidificación de la paloma migratoria estaba en la región de los Grandes Lagos y el este de Nueva York. Las principales áreas de invernada se extendían desde Arkansas hasta Carolina del Norte. Su rango migratorio se extendía desde el centro de Ontario, Quebec y Nueva Escocia hasta las tierras altas de Texas, Louisiana, Alabama, Georgia y Florida.
El hábitat de la paloma migratoria estaba constituido por bosques mixtos de frondosas. Dependían de ellos para anidar en primavera y como refugio invernal para encontrar comida. Las bellotas, castañas, hayucos, semillas y bayas eran el pilar de su dieta, que se completaba con insectos en primavera y verano.

Durante el invierno, las aves establecían dormideros comunales que llegaban a tener tal volumen de ocupación que provocaban la rotura de las ramas por el peso. Por la mañana, los pájaros volaban en grandes bandadas para recorrer el campo en busca de alimentos. Por la noche volvían a la zona de descanso y su parloteo se oía desde millas de distancia, según reportaba la gente de la época. Cuando el suministro de alimentos se agotaba o las condiciones meteorológicas eran adversos, establecían un nuevo dormidero.
Los vuelos migratorios de la paloma migratoria eran espectaculares. Los pájaros volaban a una velocidad estimada de unos 60 kilómetros por hora. Los observadores señalaban que los vuelos duraban desde la mañana hasta la noche y se prolongaban durante varios días.

 
Distribución de la paloma migratoria, con el área de nidificación en rojo y la de invernada en línea punteada verde.
El momento de la migración de primavera dependía de las condiciones meteorológicas. Bandos pequeños llegaban a veces a las zonas de nidificación del norte a principios de febrero, pero la migración principal ocurría en marzo y abril. Los sitios de nidificación se establecían en zonas forestales que tenían un suministro suficiente de alimento y agua dentro de un rango de vuelo diario.
Como no hay datos, sólo es posible dar estimaciones sobre el tamaño y la población de esas áreas de anidación. Un solo sitio podía cubrir muchos miles de hectáreas y los pájaros estaban tan congestionadas en ellas que podían contarse cientos de nidos en un solo árbol. En el siglo XIX, se informó de que una zona de nidificación en Wisconsin abarcaba 850 kilómetros cuadrados y que el número de aves se estimaba en 136 millones.
Los nidos se construían con palos y ramas pequeñas y tenían alrededor de unos 30 centímetros. La puesta era de un solo huevo, blanco y alargado y la incubación duraba 12-14 días. Ambos padres compartían la incubación y la alimentación de los pollos.
Los expertos discrepan sobre la cantidad de veces que la paloma migratoria podía llegar a anidar en una temporada. La opinión general es que normalmente lo hacían dos veces, pero esto no puede ser probado ni refutado puesto que no hubo un registro exacto de los agrupamientos.
Puesto que la paloma migratoria se congregaba en números tan enormes, necesitaba grandes bosques para existir. Cuando los primeros colonos despejaron los bosques del Este para la agricultura, las palomas migratorias se cambiaron su territorio a los bosques que aún quedaban y comenzaron a utilizar los campos de cereales. Las bandadas causaban daños a los cultivos y los agricultores las persiguieron usándolas como fuente de carne, aunque esto no parece que hiciera disminuir seriamente el número total de aves.
Realmente, la notable disminución de las palomas migratorias comenzó cuando los cazadores profesionales comenzaron a usar redes y a disparar a los pájaros para venderlos en los mercados de la ciudad. Aunque las aves siempre habían sido utilizadas como alimento, también por los indios de forma ancestral, la verdadera masacre comenzó a partir de 1800.
No había leyes que restringieran el número de palomas que podían matarse ni los métodos de captura. Puesto que tenían hábitos comunales, eran fáciles de atrapar. Se disparaba a los adultos en los nidos y también se atrapaba a los jóvenes pichones tirando los nidos al suelo con palos largos. También se las cogía por miles colocando ollas de fuego y azufre bajo los dormideros, con lo que el humo aturdía a las aves que caían al suelo.
Cuando la carne de paloma se hizo popular, la caza comercial comenzó en una escala prodigiosa John Audubon describió los preparativos para una cacería, con numerosas personas acampadas con caballos, carros, armas y municiones. Llega a mencionar cómo dos agricultores de una localidad distante unos 100 kilómetros habían llevado hasta allí a 300 cerdos para engordarlos con las palomas que iban a ser sacrificadas.

 
Ilustración de un dispositivo con redes para la caza de paloma, dibujado por Cockburn en 1829
 
Las palomas se enviaban en vagón de carga a las ciudades del Este, donde se vendían a medio dólar la docena. Los esclavos y los siervos en la América del siglo XIX a menudo no veían ninguna otra carne. En 1850 la destrucción de las palomas llegó al máximo extremo y para 1860 empezó a observarse que el número de aves parecía estar disminuyendo, pero aún así la masacre continuó, acelerándose a medida que se desarrollaron más ferrocarriles y telégrafos.
Uno de los últimos grandes anidamientos de palomas migratorias se pudo contemplar en Petoskey (Michigan) en 1878. En aquel lugar, se estuvieron capturando 50,000 aves por día y esa tasa continuó durante casi cinco meses. Cuando los adultos que se salvaron intentaron una segunda puesta en nuevos sitios, fueron localizados por los cazadores profesionales y atrapados antes de que tuvieran la oportunidad de sacar adelante la nidada.
Poco a poco las voces que advertían sobre el ritmo exagerado de capturas empezaron a oírse y se aprobó en Michigan una ley que prohibía cazar palomas a menos de dos millas de los nidos, aunque esa legislación no llegó a cumplirse.
A principios de la década de 1890 la paloma migratoria había desaparecido casi por completo. Ya era demasiado tarde para protegerlos por la aprobación de leyes. En 1896, el último gran bando que se observó tenían unos 250.000 ejemplares, que murieron a manos de los cazadores a sabiendas de que era la última bandada de ese tamaño. En 1897 se presentó un nuevo proyecto de ley, que esta vez abogaba por una veda de 10 años para permitir la recuperación. Fue un gesto inútil, porque para aquel momento las aves que quedaban no eran suficientes para restablecer la especie.
La estrategia de supervivencia de la paloma migratoria se había basado en la táctica de las grandes masas y densidades de población. Las grandes bandadas eran un seguro contra la depredación y otros riesgos. Cuando una bandada de cientos de miles de palomas se establecía en un área, el número de depredadores locales, como zorros, comadrejas y halcones era tan pequeño en comparación con la densidad total de aves que poco daño podían generar al conjunto de la población.
hombre, que las aniquiló en sus nidos de forma industrial y fácil. Lo cierto es que los intereses de la civilización, con la necesidad de aclarar los bosques para la agricultura, eran diametralmente opuestos a los intereses de las aves que necesitaban los grandes bosques para sobrevivir. Una de las conclusiones a las que han llegado los biólogos de la conservación es que las palomas migratorias estaban en buena parte condenadas. La especie, que basaba su existencia en las grandes densidades de población, no podía adaptarse a vivir en pequeñas bandadas. Cuando sus intereses chocaron con los intereses del hombre, la civilización prevaleció. La masacre sin sentido que se llevó a cabo en unas pocas décadas del siglo XIX sólo aceleró el proceso de extinción, porque la conversión de bosques en tierras de cultivo habría dificultado su supervivencia a largo plazo.
En la Smithsoniam Institution, la entidad científica donde se conserva el cuerpo de Martha, la última de las palomas migratorias, intentan extraer algún pensamiento positivo de este monumental drama de la biodiversidad. “El único resultado valioso de la extinción de la paloma migratoria fue que despertó el interés del público en la necesidad de contar con leyes de conservación fuertes. Gracias a que esas leyes se pusieron en práctica posteriormente se salvaron muchas otras especies de aves y de fauna silvestre”, aseguran.
La cuestión es, ¿estamos seguros de eso? ¿No estamos repitiendo los errores del pasado y haciendo lo mismo en nuestros días con las tórtolas (Streptopelia turtur), por ejemplo? Las tórtolas común se contaban por miles, no con los volúmenes de la paloma migratoria americana, desde luego, pero sí en unas cantidades que a los que vivimos entonces nos parecían difíciles de agotar. Hoy, todo aquello es pasado y la tórtola común es una especie que disminuye y disminuye amenazada como pieza de caza especialmente criminal son los efectos de la media veda tras la cría y la pérdida de ejemplares durante la migración ida/vuelta a África. No he visto ninguna tórtola en los campos este verano, pero sí me he encontrado cazadores, vagando aburridos y perplejos, preguntándose qué habrá pasado y qué cosa podrán ahora disparar.
 


jueves, 24 de julio de 2014

Problemática de las gomas elásticas en las cigüeñas blancas


Un ejemplo de que cómo aparentemente un resduo que nuestra sociedad produce en grandes cantidades puede afectar a la biodiversidad y su conservación son las gomas de pollo elásticas sobre la cigüeña blanca.
La cigüeña blanca (Ciconia ciconia) es un ave migratoria cuya dieta está constituida por pequeños mamíferos, insectos, gusanos; en menor cantidad también de ranas, crustáceos, lagartijas, culebras, peces y carroña. Cuando retornan de sus cuarteles de invierno, en un principio se alimentan prácticamente de lombrices de tierra (hasta el 90%).
Obtienen parte de su alimento en vertederos lo que genera problemática cada vez más común una en esta especie en la ingesta de gomas elásticas, de los vertederos principalmente, por confusión de las mismas con lombrices.
 
Muchas de las cigüeñas blancas que ingresan en el centro veterinario de la asocioación GREFA presentan esta afección cuya principal sintomatología consiste en endurecimiento de la zona abdominal, dolor a la palpación, falta de apetito, debilidad y depresión generalizada.
En estos casos el tratamiento aplicado por el centro consiste en la administración de un “cocktail para gomas” compuesto por varias sustancias cuya finalidad es la expulsión de las mismas y el pronóstico generalmente es bueno.
En algunas ocasiones la cantidad ingerida es tal que la única solución posible es mediante intervención quirúrgica, ya que solamente con la administración del combinado no es posible la eliminación de las gomas debido a la gran obstrucción generada.
Aquí mostramos el ejemplo de esta cigüeña blanca que tuvo que ser operada de urgencia la tarde del martes por nuestros veterinarios. Tras llevar unos días en las instalaciones del hospital y no observar ninguna mejoría el equipo decidió intervenir extrayendo del abdomen del animal una cantidad cercana a los 300 gramos de gomas.
La cirugía fue un éxito y esperamos que el paciente tenga una buena recuperación.
 
 
Por ello se hace una nueva llamada de atención a la importancia de estar concienciados en la reducción de residuos y reciclaje para evitar éstos y otros problemas derivados de la especie humana que pueden afectar a otras especies más vulnerables.

 

miércoles, 23 de julio de 2014

El lince ibérico (Lynx pardina), el felino más escaso del planeta y endémico de la península ibérica.


La mayor población de lince ibérico (Lynx pardina) presente en España desde hace una década (los 94 ejemplares de 2002 han pasado a 332 en el censo de 2013), favorecida por la reintroducción de ejemplares como la que hoy se ha llevado a cabo en la provincia de Ciudad Real, convive con el mayor número de muertes nunca registrado del felino más amenazado del mundo (14 atropellos en 2013 y 12 solo en el primer semestre de 2014).

A Kiowa, Kaplán y Kairós, los primeros ejemplares que se liberan en Castilla-La Mancha, en el término municipal de Almuradiel, les esperan miles de hectáreas de monte mediterráneo idóneo para sus andanzas, incluso con una densidad de conejos favorable, mejor de la que presentan zonas con poblaciones del felino ya asentadas, como las de Doñana y las sierras de Cardeña y Montoro (Córdoba) de Andújar (Jaén).

La suelta en Castilla-La Mancha sucede a dos que ya se han llevado a cabo en Extremadura y otras que tendrán lugar en los Montes de Toledo y en Portugal.
 

En Castilla-La Mancha ya hay dos ejemplares que han entrado libremente desde Andújar, uno de ellos es una hembra que se da por asentada en la zona, ya que lleva año y medio por la Sierra Morena de Ciudad Real. El otro es divagante, ahora está ahí (lleva tres meses), pero luego se puede marchar.

El duro impacto de los atropellos en las carreteras que cruzan sus áreas de distribución son una auténtica lacra que diezma las poblaciones de lince ibérico y afecta muy seriamente al proyecto de reintroducción de esta especie endémica ibérica.

Utilizar en obra pública relativa a infrastructuras lineales métodos que mitiguen el impacto negativo de las carreteras sobre la vida silvestre y particularmente sobre el lince ibérico, el felino mas escaso del planeta, es absolutamente necesario para la viabilidad de sus poblaciones. Determinar los puntos negros de sus áreas de distribución y la planificación de futuras infraestructuras trazándolas en zonas marginales sin linces y conociendo previamente los requerimientos espaciales y sus movimientos es vital . Generar permeabilidad en las infraestructuras lineales a través de la restauración de la conectividad del hábitat, corredores biológicos, de pasos de fauna (overpasses y underpasses), un mantenimiento adecuado de los mismos, vallados eficientes en paralelo a los pasos antes mencionados y estableciendo límites de velocidad con señalización adecuada.
 

 
A los linces reintroducidos, también les esperan coches y carreteras, una alianza que hace menos de una semana acabó con la vida de un congénere a 70 km del lugar de la suelta castellano-manchega, en el kilómetro 305 de la A-4.

 “Es uno de los ocho puntos negros que tenemos detectados y que hemos denunciado en numerosas ocasiones tanto ante el Ministerio de Fomento como ante la Consejería de Fomento de la Junta de Andalucía, pero no acaban de dar una solución satisfactoria”, afirma Luis Suárez, responsable de Especies de WWF. Esta asociación está en plena campaña de recogida de firmas en España y de elaboración de un informe a presentar ante la Comisión Europea (CE) para denunciar la lacra que suponen los atropellos para las poblaciones de linces.

María Dolores de Cospedal, presidenta de Castilla-La Mancha, ha encabezado la comitiva de políticos y técnicos que ha arropado la suelta de los linces, medida que forma parte del proyecto europeo Life+ Iberlince para ampliar el área de distribución de la especie en España y Portugal. Cospedal ha valorado el trabajo conjunto con 19 socios dentro de esta iniciativa, que cuenta con 34 millones de euros de presupuesto (el 60% lo pone la CE), para que “los linces vuelvan de nuevo a las zonas donde habitaban no hace mucho”, pero ha advertido de que, para lograr este objetivo, “hay que trabajar contra los atropellos y los comportamientos irresponsables”

Desde el Ministerio de Fomento afirman que tienen designada a una persona como interlocutora dentro de Iberlince “para el intercambio de información y la coordinación de actuaciones en aras a disminuir los riesgos de atropellos”. Añaden que llevan a cabo actuaciones que “están en marcha dentro de las posibilidades de la conservación ordinaria” y citan precisamente el de facilitar el paso por obras de drenaje o pasos inferiores y desnaturalizar el entorno (taludes) de las carreteras para que el lince no considere el asfalto como medio natural, como desbroces, siegas, colocación de escolleras...

La visita al punto negro en el que murió el último ejemplar delata que queda mucho por hacer: vallas recientemente arregladas pero por debajo de la cuales sigue cabiendo un lince y entradas y salidas de pasos subterráneos no suficientemente aisladas de la A4, lo que permite que los ejemplares en expansión desde la sierra de Andújar se adentren en la carretera. “Por aquí saben que hay mucho conejo y suben rampa arriba tras ellos sin percatarse que a continuación tienen el asfalto”, explica Germán Garrote, técnico de la Agencia Andaluza del Medio Ambiente y el Agua, organismo de la Junta de Andalucía que participa como socio en Iberlince. “Tengo que identificar del todo al macho que atropellaron hace una semana, pero me temo que era uno de los que estaban intentando asentar aquí su territorio”, concluye Garrote.
 
En un momento en el que el índice de atropellos es el peor de los últimos años (de una media de tres muertes entre 2002 y 2012 se ha pasado a 14 en 2013 y a 12 solo en el primer semestre de 2014) y cuando rebrota una de las enfermedades del conejo (la neumonía hemorrágico vírica), principal y casi exclusivo alimento del lince, chocan las imágenes de políticos y técnicos soltando linces. “Es el resultado de una evolución lógica de asentamiento y crecimiento de las poblaciones mediante los programas de reintroducción”. Miguel Ángel Simón, coordinador de Iberlince presente en la suelta y una de las personas con mejor conocimiento de la especie, considera que “tras el éxito de la cría en cautividad y de las primeras sueltas en Andalucía más allá de las áreas de distribución que nos quedaban (Doñana y las sierras de Cardeña y Montoro y de Andújar) nos faltaba dar el ‘salto ibérico’ a Extremadura, Castilla-La Mancha y Portugal”.


El éxito de la cría en cautividad (24 cachorros este año) resulta esencial para dar el “salto ibérico”, con cinco centros (Olivilla, Acebuche y Zoo de Jérez en Andalucía, Zarza de Granadilla en Cáceres y Silves en Portugal).
 
Los centros de cría trabajando en red, intercambiando ejemplares reproductores para favorecer y reforzar la diversidad genética de las sueltas.

Los tres ejemplares soltados hoy proceden de tres centros diferentes, con la intención de mejorar esa variedad genética y de población.

Una vez en el medio natural, el propio Simón reconoce que áreas ideales, donde el lince no se encuentre un hábitat fragmentado por carreteras de ningún tipo u otras infraestructuras (recuerda que incluso ha habido atropellos en la línea del AVE), “se cuentan con una mano y sobran dedos”.
 
 “Pero es que si no nos hubiéramos decidido a ampliar el área de distribución no habríamos pasado de los 94 ejemplares que nos encontramos en 2002 a los 332 del censo de 2013”. El ejemplo más fehaciente se da en Guadalmellato, en Córdoba, área en la que en 2009 se soltaron tres parejas y una hembra y ahora cuenta ya con 39 ejemplares. “Y lo mejor de todo es el intercambio y conexión que se ha establecido con la población de Cardeña”, apostilla Simón

martes, 22 de julio de 2014

¿Por qué dañan el mar los vertidos de petróleo?


El mundo vivo es un sistema entrelazado. Hay bacterias dañinas, pero nosotros necesitamos miles de millones de bacterias en nuestros intestinos (la ''flora intestinal'') para poder digerir los alimentos y poder vivir. Un mundo aséptico es un mundo muerto.
 
El petróleo es un mundo muerto. Es el resultado de la descomposición de animalillos, desde bacterias a gusanos, que vivieron hace 300 millones de años en la etapa geológica que denominamos ''Carbonífero''. Es una mezcla de grasa e hidrocarburos ligeros que puede moverse como un fluido viscoso. Una vez que se deposita sobre una superficie, ésta deja de poder intercambiar gases, de recibir luz y, además, mientras está en suspensión en el agua, se adhiere a la superficie de los seres vivos (peces, mamíferos, aves) e impide sus movimientos al actuar como un pegamento y les produce la muerte.

Adicionalmente, al ser un mineral que sale del subsuelo, normalmente el petróleo contiene substancias tóxicas, metales como cromo, cesio y otros muchos que, aunque se dan en trazas minúsculas, son precisamente esas trazas minúsculas las que envenenan.
 


 
El petróleo acaba desapareciendo de las zonas contaminadas. Lo digieren las bacterias correspondientes, salvo sus componentes mas venenosos. Pero también ocurre que la vida en esas zonas cambia de forma. Si había corales, desaparecen. Las especies de peces de importancia económica se mudan a otros lugares y la recuperación, muy lenta, da como resultado una vida distinta de la anterior en la zona de los vertidos.


 
 
Quien habla de vertidos de petróleo, habla de los vertidos de basura, de los vertidos de substancias venenosas, como los fosfoyesos de Huelva, el vertido de Boliden en Aznalcollar y el vertido de agua y gas radiactivos en Fukushima, el vertido de isocianato de metilo en Bhopal, etcétera.
 
 
El problema de los vertidos tóxicos es el mismo que el de las inversiones tóxicas de las compañías financieras. La legislación mundial, incluida la española, considera que los gastos se reparten entre todos los ciudadanos, mientras que los beneficios se concentran en las empresas.
En una conversación con un par de agentes oficiales de las empresas nucleares de España, les pregunté: ''¿Quien paga un accidente?''. ''El seguro'', contestaron. ''Pero, ¿un accidente tipo Fukushima?''. ''Los ciudadanos a través del Estado''.
 
 

Las empresas nunca pierden

La lógica de las empresas es evidente. Los beneficiarios de la gasolina son los ciudadanos, que se pueden mover gracias a ella. Si las empresas tuviesen que pagar seguros para considerar casos como el del 'Prestige', los costes se repercutirían sobre los usuarios en cada recarga de gasolina y al final pagarían siempre los mismos.
Pero esa lógica no es correcta.
 
 
Mientras los modelos económicos al uso, por desidia de sus creadores, señalan como ''externalidades'' conceptos que son internos al propio modelo, la realidad es que las externalidades las debe asumir la empresa que las promueve. ¿Por qué? Porque si se hace así, la empresa, que quiere vender y por tanto tener precios bajos, ya se preocupará de que los accidentes no se produzcan.
Por ejemplo, si Boliden, empresa sueca, hubiese incluido como internos los gastos de limpieza y arreglo del desastre, se hubiese cuidado muy mucho de: a) No dejar los vertidos sin tratar, b) que la balsa estuviese hecha con pilotes y muros de hormigón y fuese mantenida constantemente, costase lo que costase, pues siempre costaría menos que sus responsabilidades financieras ante los vertidos.
Exactamente lo mismo pasa con los barcos. La legislación mundial, y la española en particular, no reconoce responsabilidades a nadie ni por vertidos ni por cualquier otro accidente producido por ellos. El gobierno español, por ejemplo, acepta que una compañía española, Petra S.A., por poner un nombre, cuyo negocio es el petróleo, utilice barcos registrados en paraísos legales, de empresas de empresas de empresas, cuya responsabilidad ante un vertido tóxico se diluye como un azucarillo en el café. Bastaría con que España prohibiese a Petra que utilizase barcos ajenos no registrados en España, para que Petra (es solo un ejemplo), tuviese siempre barcos de primera mano, cuidados hasta la última tuerca y que no navegasen en tormentas cuando estas tuviesen lugar.
 
Exactamente lo mismo ocurre con los vertidos químicos y nucleares. Mientras los países acepten las condiciones de escurrir el bulto de las empresas en vez de las empresas aceptar las normas de los países, tendremos estos casos.
Y recordemos los españoles, y los canarios en particular, que los pozos de perforación se rompen y el petróleo inunda no un kilómetro de costa y una zona de reserva marina, sino todo el Golfo de México, y que el riesgo de la explotación de petróleo en Canarias, para sacar ese líquido pestífero durante 10 años, es que todo el archipiélago se cubra de alquitrán, sin haber sacado nada a cambio, pues ¿que gana cada canario con el petróleo que salga de los pozos?
El vertido de BP causado por la salida del petróleo del pozo del Golfo de México ocupó 180.000 kilómetros cuadrados, que es la misma superficie que tiene el archipiélago. Lo que sabemos de la naturaleza y la vida social es que los accidentes no pueden evitarse de ninguna manera.
Si es así, ¿por que jugar con fuego?
¿Cuanto tiempo vamos a poder estar sacando petróleo? ¿10, 20 años?
Eso es cero en la vida de las sociedades humanas.
La energía solar es esencialmente eterna, a escala humana. Miles de millones de años. ¿No sería mejor para Petra, por ejemplo, y para los canarios, en particular, sacar toda su energía, incluida la que necesitan para moverse, del sol, que tienen a raudales, en vez de pozos de porquería que pueden llenar al archipiélago de basura a cambio de nada?

Importante: Los vertidos son dañinos porque cambian el ecosistema natural. El que tenemos funciona. No sabemos como será el nuevo tras el vertido, pero sabemos con seguridad que será peor que el original, pues el veneno nunca deja nada bueno a su paso.