La vida y su conservación

Las especies son esenciales en el funcionamiento de la vida en nuestra casa que es nuestro planeta; por eso, es importante conservarlas.
Con este objetivo, tenemos que saber cómo son, cómo se organizan en comunidades y cómo interactúan en los sistemas ecológicos.
En el último siglo XX, hemos visto degradaciones ambientales enormes: muchas especies en extinción o en drástica reducción de sus poblaciones, la destrucción o alteración rápida de sus ecosistemas y cambios nunca vistos en el clima del planeta. Esta gran crisis ambiental ha coincido con la disminución de las ciencias naturales en los centros académicos de referencia.
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martes, 5 de abril de 2016

El ritmo de la primavera influye en la longitud de las alas del ruiseñor


Los ruiseñores que migran por los cielos europeos rumbo a países del este, con primaveras más cortas, tienen las alas más largas que sus compañeros que migran hacia el oeste del continente. Esta es la principal conclusión de un estudio internacional con participación española. Hasta ahora, se pensaba que la distancia que recorrían las aves en sus migraciones era el factor más importante en la forma de las alas, pero esta investigación demuestra que el ritmo de avance de la primavera influye más.


Hasta el momento se creía que la distancia que recorrían los ruiseñores anillados en sus migraciones europeas era el factor más importante en la diversidad de formas de sus alas. Sin embargo, el análisis de una veintena de trabajos sobre estos desplazamientos, liderado por el Instituto Ornitológico de Suiza, revela que la velocidad de avance de la primavera influye más en la longitud de las alas de estas aves.


El estudio muestra cómo la evolución puede moldear la forma de los animales durante su adaptación al medio ambiente


“En este trabajo se amplía el paradigma que utilizamos para comprender este tipo de adaptaciones, al comprobar que los ruiseñores tienen alas más largas cuando crían en lugares que no están necesariamente más alejados de los sitios donde pasan el invierno, sino que tienen primaveras que avanzan especialmente deprisa”, explica Javier Pérez-Tris, investigador del departamento de Zoología y Antropología Física de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y coautor del trabajo. 


El estudio, publicado en la revista Ecology and Evolution, muestra cómo la evolución puede moldear la forma de los animales durante su adaptación al medio ambiente. Con el ruiseñor común (Luscinia m. megarhynchos) como modelo de estudio, los científicos observaron una relación entre la longitud de las alas y la velocidad con la que avanza la primavera en sus áreas de cría, un total de 28 zonas repartidas por todo el continente, de Portugal a Turquía y de España a Polonia.


“Este resultado apoya la idea de que la forma de las alas de las aves es rápidamente moldeable por la selección natural, de modo que cada población tiene unas alas perfectamente ajustadas a sus necesidades aerodinámicas concretas”, apunta Pérez-Tris.  


El estudio muestra cómo la evolución puede moldear la forma de los animales durante su adaptación al medio ambiente


Un plus de velocidad 


La longitud de las alas de los ruiseñores analizados –medidas desde la muñeca hasta la punta– variaba entre los 83,1 milímetros y los 89,2 para machos, y entre 80,3 milímetros y 86,3 para hembras. Los resultados muestran que las alas son más largas cuanto más al este crían las aves, pero no encuentran relación alguna con la latitud.  

Los ruiseñores orientales tienen alas largas porque sus primaveras avanzan más rápido.


Los investigadores comprobaron que las diferencias geográficas observadas se deben a disparidades en la velocidad de avance de la primavera, un parámetro que mide el ritmo de desarrollo de la vegetación, obtenido a partir de observaciones de satélites.


De esta forma, los ruiseñores orientales tienen alas largas porque sus primaveras avanzan más rápido, mientras que en las localidades occidentales donde la primavera es más lenta, tienen alas más cortas. En las aves con vuelo batido como los ruiseñores, las alas más largas les permiten volar más deprisa que las cortas.
Las migraciones de los ruiseñores, huyendo de los inviernos fríos, varían entre los 2.500 y los 4.550 kilómetros. Su objetivo fundamental es poder regresar a sus áreas de cría, haciendo coincidir esta llegada con el momento óptimo para su reproducción.


“Donde la primavera avanza rápido es más difícil acertar con ese momento, de manera que la selección natural ha podido favorecer un aumento de la velocidad en las poblaciones que se enfrentan a esas condiciones”, señala el zoólogo. 


"Los datos de este estudio existen gracias al esfuerzo de numerosos voluntarios", destaca el científico

De esta forma, cuando las poblaciones que vuelven de África comprueban que en Europa la primavera va muy adelantada una vez que cruzan el Sáhara, aceleran el vuelo para llegar en el momento óptimo a su lugar de reproducción. Eso lo consiguen con alas más largas.
   

Ejemplo de ciencia ciudadana  


Los estudios analizados se remontan a 1950, lo que pone de manifiesto la importancia de sostener los programas de seguimiento a largo plazo. “El anillamiento de aves es uno de los programas más valiosos que existen de lo que hoy llamamos ciencia ciudadana”, recuerda Pérez-Tris. "Los datos de este estudio existen gracias al esfuerzo de numerosos voluntarios que han dedicado tiempo y dinero a contribuir a la causa científica con información de gran calidad”, añade.


De hecho, Pérez-Tris participa en el estudio no solo como investigador, sino también como miembro del Grupo de Anillamiento SEO-Monticola, con sede en la Universidad Autónoma de Madrid. 


En el estudio también han participado el Instituto Michael Otto (Alemania), el Instituto para la Protección Medioambiental y la Investigación (Italia), el Instituto de Biodiversidad e Investigación de Ecosistemas (Bulgaria), la Universidad Ondokuz Mayis (Turquía), la Universidad Eötvös Loránd (Hungría), la Universidad de Basel (Suiza) y numerosos anilladores voluntarios.


Referencia bibliográfica:

Steffen Hahn, Fränzi Korner-Nievergelt, Tamara Emmenegger, Valentin Amrhein, Tibor Csörgő, Arzu Gursoy, Mihaela Ilieva, Pavel Kverek, Javier Pérez-Tris, Simone Pirrello, Pavel Zehtindjiev y Volker Salewski. “Longer wings for faster springs – wing length relates to spring phenology in a long-distance migrant across its range” Ecology and Evolution, 6 (1): 68-77, enero 2016. DOI: 10.1002/ece3.1862.  

martes, 13 de enero de 2015

La revista Science certifica el éxito de los grandes carnívoros en Europa: la cohabitación vence al apartheid.



A principios de los años 90 llegó a España un prestigioso especialista en osos del Fish and Wildlife Service americano que coordinaba la conservación del grizzly en los EEUU. Tras visitar la Cordillera Cantábrica acompañado de expertos y autoridades, dio una conferencia en Oviedo, donde expuso sus conclusiones finales. Éstas no podían ser más pesimistas: la población cantábrica de osos era demasiado pequeña, pero sobre todo vivía en un medio tan humanizado que sus posibilidades de pervivencia eran inexistentes.

Aquel biólogo tenía una enorme experiencia en USA y Canadá, pero los extensos paisajes americanos y su cultura de conservación le hicieron errar en su pronóstico para Europa. Allí, las grandes extensiones casi vírgenes con escasa o nula población humana han propiciado la separación entre animales y personas. En Norteamérica hay sitio para todos, lo cual les ha eximido de avanzar en la filosofía de la cohabitación; en el Parque Nacional de Yellowstone, que mide casi lo mismo que toda Asturias, no hay ni una sola cabeza de ganado, ni una sola persona viviendo aparte de los rangers y técnicos dedicados a la conservación de la fauna. Allí todo está organizado para evitar que la influencia humana perjudique a los lobos y a los osos. Sin embargo, en cuanto los lobos ponen un pie fuera del Parque y matan un solo ternero, son eliminados sin contemplaciones.

Frente a esta política de segregación norteamericana, la mayoría de los conservacionistas europeos iban por otro camino. Como Europa es un continente superpoblado, la última esperanza de los grandes carnívoros era ser tolerados por la sociedad. 

Con ayuda de indemnizaciones por daños se calmaba el malestar de los ganaderos, con pasos de fauna se intentaba paliar el efecto de las autopistas y grandes líneas férreas, con reuniones asesoradas por sociólogos se intentaban encontrar acuerdos entre conservacionistas y pobladores locales, y las subvenciones a la agricultura y la ganadería de la PAC para mantener la cultura y los paisajes rurales europeos como los hemos conocido desde hace siglos permitieron continuar en el campo a sectores económicos poco competitivos. 

Además, la Directiva de Hábitats obligó a los miembros de la Unión Europea a proteger a los grandes carnívoros, al tiempo que proporcionó recursos económicos y técnicos para reducir conflictos y hacer políticas de conservación más eficaces. Ante la mirada escéptica de muchos conservacionistas americanos, en Europa se fue consolidando la cultura de la cohabitación, que consiste en alcanzar acuerdos para hacer posible que los grandes carnívoros puedan vivir en zonas densamente poblados, asumiendo y tratando de minimizar los inevitables conflictos que esta convivencia conlleva.

El pasado 18 de diciembre, la revista científica Science –la más prestigiosa del mundo junto con Nature- ha certificado el éxito de esta política europea de conservación. En un artículo firmado por más de 70 coautores de 26 países europeos, entre ellos tres españoles –José Vicente López-Bao, de la Universidad de Oviedo, y dos miembros de la FOP, Juan Carlos Blanco y Guillermo Palomero–, Science ha confirmado sin lugar a dudas que los grandes carnívoros europeos se están recuperando a pesar de vivir en medios densamente poblados. Los 17.000 osos, 12.000 lobos, 9.000 linces euroasiáticos y 1.250 glotones de Europa han logrado sobrevivir y aumentar conviviendo con ganaderos, cazadores y actividades económicas diversas, gracias a leyes conservacionistas y una actitud favorable del público. El artículo demuestra que la mayoría de las poblaciones europeas de estas especies se encuentran estables o aumentando, y que el apartheid entre grandes carnívoros y actividades humanas es en Europa un paradigma inaplicable. En España, los osos cantábricos y los pirenaicos se encuentran también en proceso de recuperación, y lo mismo ocurre con la población ibérica de lobos que comparten Portugal y España. La nota que ensombrece esta buena noticia la pone la población de lobos de Sierra Morena, la única de las 10 poblaciones europeas de lobos en toda Europa que se encuentra en regresión.

La cohabitación, por tanto, ha sido la clave para esta recuperación, y ésta se basa en prevenir conflictos y en compensar los daños. En este sentido, y refiriéndonos a nuestros osos, preocupa la tardanza en el pago de los daños que se está registrando en los últimos años, con comunidades autónomas que pagan hasta 3 y 4 años después de producido el daño. También es alarmante el abandono que se está dando en las políticas de prevención en la Cordillera Cantábrica, que contrasta con la experiencia reciente exitosa de los Pirineos, donde las acciones de prevención realizadas con las ovejas (con agrupaciones de rebaños, contratación de pastores y donación de perros de guardia) ha conseguido que en el año 2014 en el Parque Natural del Alt Pirineu (Lleida) no se haya registrado un solo ataque de oso.

También es muy necesaria la prevención de incidentes, concretamente ante la aparición de osos habituados que pueden acabar siendo problemáticos, disuadiendo a estos ejemplares –casi siempre jóvenes- en los casos de tolerancia ante la presencia humana. Por último, se debe regular adecuadamente el uso público en áreas oseras, especialmente el turismo de osos.