La vida y su conservación

Las especies son esenciales en el funcionamiento de la vida en nuestra casa que es nuestro planeta; por eso, es importante conservarlas.
Con este objetivo, tenemos que saber cómo son, cómo se organizan en comunidades y cómo interactúan en los sistemas ecológicos.
En el último siglo XX, hemos visto degradaciones ambientales enormes: muchas especies en extinción o en drástica reducción de sus poblaciones, la destrucción o alteración rápida de sus ecosistemas y cambios nunca vistos en el clima del planeta. Esta gran crisis ambiental ha coincido con la disminución de las ciencias naturales en los centros académicos de referencia.
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martes, 12 de abril de 2016

Las plumas con la que se construyen los nidos contienen un efecto antibacteriano



Investigadores de la Estación Experimental de Zonas Áridas de Almería han comprobado que las plumas en los nidos reducen la cantidad de microorganismos patógenos que pueden afectar a la salud de los embriones. El estudio, realizado con estorninos, es un primer paso para el análisis de estas propiedades antimicrobianas en otras especies.

Investigadores del departamento de Ecología Funcional y Evolutiva de la Estación Experimental de Zonas Áridas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (EEZA-CSIC), en Almería, han demostrado efectos antimicrobianos en las plumas que muchas aves utilizan en la construcción de sus nidos. Las plumas también pueden funcionar como barrera defensiva contra los microorganismos.


Este material disminuye la cantidad de bacterias presentes en la cáscara de los huevos y, por tanto, la probabilidad de que puedan pasar a través de los poros y poner en peligro la salud de los embriones. Con ello se comprueba la eficacia de estos materiales en otras especies de aves.


Debido a las condiciones de temperatura y humedad asociadas a la actividad biológica, los nidos de aves son ambientes propicios para el crecimiento de diversos microorganismos que, según los investigadores, pueden traspasar la cáscara del huevo y causar enfermedades a los futuros polluelos.


Para protegerse de estos patógenos, los pájaros adultos utilizan sistemas de defensa variados. Por ejemplo, algunas especies embadurnan los huevos con una secreción que generan ellas mismas, a través de la glándula uropigial, con propiedades antimicrobianas que reducen la densidad de bacterias de la superficie. 


Otras especies construyen cada año nidos nuevos libres de parásitos y microorganismos patógenos o eliminan los viejos materiales de construcción del lecho antes de comenzar a criar y algunos utilizan materiales con propiedades antiparasitarias y antimicrobianas como ciertas plantas o incluso colillas de cigarrillos.


Los investigadores almerienses han demostrado que las plumas también pueden funcionar como barrera defensiva contra los microorganismos. En las plumas habitan grupos de bacterias que se alimentan de la queratina, la proteína principal de la pluma. Estos microorganismos compiten por los nutrientes y el espacio con el resto de bacterias del nido, ya estén en la cáscara de huevo o en las propias plumas. 


Para ello, segregan sustancias antimicrobianas que tienen efectos negativos sobre el resto de competidores: los eliminan o reducen su cantidad, explica la investigadora de este proyecto, Cristina Ruiz-Castellano, de la Estación Experimental de Zonas Áridas.


Según los expertos, la mayoría de estudios realizados hasta la fecha sobre nidos revestidos de plumas se han centrado en sus propiedades termorreguladoras, es decir, en sus efectos aislantes de las condiciones climáticas externas; o en su papel de atracción sexual y exhibición durante el cortejo. 


Sin embargo, su función como agente antimicrobiano era sólo conocida en nidos de golondrina común por lo que consideramos necesario explorar ese efecto en otras especies como los estorninos.


En blanco o coloreadas


Los científicos también han comprobado las propiedades antimicrobianas en dos tipos de plumas: blancas o sin pigmento y pigmentadas.


Una de las sustancias que da color a las plumas es la melanina. Ésta dificulta que las bacterias que viven en ella se alimenten de la forma adecuada. Al disponer de menor cantidad de nutrientes, los microorganismos crecen menos y, por tanto, la cantidad de compuestos antibióticos que se produciría por superficie de pluma sería menor. 


Sin embargo, los resultados, recogidos en un artículo publicado en la revista Plos One, muestran un comportamiento similar en las dos variedades. "Apenas hay cambios. Encontramos que ambos tipos de plumas reducen la carga bacteriana aunque en los estudios con golondrinas se mostraban mayores efectos con plumas blancas", prosigue Ruiz-Castellano.


Estas propiedades, detectadas en plumas mediante experimentos en los que se incluía o se retiraba este tipo de material de nidos de estornino, dependieron de la zona y del año de estudio.

 "La temperatura, la humedad, el nivel de precipitaciones, la zona o la época del año son factores que influyen en la proliferación de bacterias", dice Ruiz-Castellano.


Como causas de esas diferencias, los expertos señalan las condiciones ambientales y geográficas. 



La temperatura, la humedad, el nivel de precipitaciones, la zona o la época del año son factores que influyen en la proliferación de bacterias, con independencia de los materiales elegidos por los estorninos para construir sus nidos. Por tanto, los efectos beneficiosos de las plumas son más fácilmente detectados en ambientes con elevado riesgo de infección, explica la investigadora.


El fenómeno de la incubación


Los ensayos se realizaron en una finca situada en Hoya de Guadix, en la provincia de Granada. Durante dos años, los expertos recogieron y analizaron muestras procedentes de dos tipos de nidos: naturales, construidos por los estorninos, y artificiales, fabricados por los investigadores con material sintético y forrados de plumas y plantas.


“Las plumas, blancas y pigmentadas, procedían de gallinas que crecen en granjas cercanas a la zona de estudio. Son del mismo tipo que las que utilizan los estorninos. En nuestro experimento, también utilizamos plantas como otro material con propiedades antimicrobianas haciendo una mezcla de las cuatro especies más usadas por estas aves”, continúa.


Sobre esos nidos artificiales, los investigadores colocaron huevos de codorniz y estudiaron la colonización por bacterias en ausencia de la incubación, una actividad que reduce la carga bacteriana de la cáscara del huevo. 


Al menos en ambientes tropicales, está demostrado que los microorganismos patógenos disminuyen en la superficie de los huevos durante el periodo de incubación. Parece ser que estos efectos están relacionados con la disminución de las condiciones de humedad a que están sometidas las cáscaras.


Los expertos comprobaron que los efectos beneficiosos de las plumas se producían en los dos tipos de nidos aunque se detectaron con mayor facilidad en los construidos de forma artificial, sin actividad de incubación.


“Esto nos conduce a dos conclusiones. La primera, el buen funcionamiento de este material como sistema de defensa contra las bacterias. La segunda, el papel activo que, de hecho, tiene la incubación ya que en nidos naturales estos efectos fueron más difíciles de determinar”.


Ya que las aves continúan aportando plumas y plantas a los nidos durante los primeros días de vida de los polluelos, en su próximo proyecto los investigadores explorarán los efectos antimicrobianos de estos materiales en crías de estorninos.

Referencia bibliográfica: 
Cristina Ruiz-Castellano, Gustavo Tomás, Magdalena Ruiz-Rodríguez, David Martín-Gálvez, Juan José Soler. ‘Nest material shapes eggs bacterial environment’. Plos One 2016; 11(2): e0148894. http://dx.doi.org/10.1371/journal.pone.0148894


martes, 22 de julio de 2014

Los córvidos, las palomas, las tórtolas y los estorninos són las aves más preparadas para la vida en la ciudad


Un estudio liderado por investigadores del CREAF y del CSIC desvela que la pérdida de biodiversidad en ciudades no es el resultado del azar sino de la poca tolerancia de la mayor parte de especies a las alteraciones que conlleva la urbanización. Conocer qué aves están menos preparadas a la vida de ciudad es prioritario  para evaluar los efectos de un futuro cada vez más urbanizado.
La urraca (Pica pica)

La biodiversidad de aves en un mundo cada vez más urbanizado es un reto difícil de gestionar. Cuando un entorno se urbaniza se destruyen los hábitats naturales, los alimentos y lugares de reproducción se vuelven artificiales, y aumentan las molestias causadas por las personas y sus mascotas. El resultado es que muchas especies acaban muriendo o huyendo a otros lugares, lo que conlleva una pérdida de biodiversidad. Sin embargo, unas pocas especies son capaces de “adaptarse” a la vida de ciudad.
 
 Espectaculares bandos de estorninos (Sturnus unicolor)
 
La condiciones urbanísticas favorecerán a las especies generalista y perjudiará a las especies especialistas.
Ahora científicos del CREAF y del CSIC han publicado un estudio en la revista Ecology Letters que desvela el porqué de la capacidad de ciertas aves de volverse urbanitas, un aspecto que podría ser clave para mantener la biodiversidad en entornos altamente urbanizados.
 
Halcón peregrino (Falco peregrinus) en la Sagrada Familia de Barcelona
 
Los expertos han comprobado que las aves que se extinguen con la urbanización no lo hacen por azar sino porqué toleran mal la urbanización. Si la urbanización es muy intensa y se sobrepasan sus umbrales de tolerancia, la mayoría de especies desaparecerán. “Este resultado era esperable, ya que la teoría evolutiva nos dice que las especies están adaptadas a los ambientes en donde viven habitualmente pero raramente a ambientes que les son nuevos”, comenta Daniel Sol, investigador del CSIC en el CREAF.
 Palomas alimentadas en plazas urbanas
 
Algunas especies no solo toleran bien la urbanización sino que incluso perciben las ciudades como oportunidades ecológicas.

Ser generalista y no poner todos los huevos en la misma cesta ayuda a sobrevivir en la ciudad
Según el nuevo estudio, la capacidad de vivir en las ciudades se relaciona con dos propiedades: un nicho ecológico amplio, que aumenta la probabilidad de encontrar alimento u otros recursos en el nuevo entorno, y una estrategia reproductiva en que el esfuerzo reproductor se distribuye en muchos eventos en vez en unos pocos. Aunque las razones no están claras, esta estrategia reproductiva reduce el riesgo de fracaso reproductivo, ya que evita poner “todos los huevos en una mismo cesta”, y favorece la capacidad de aprendizaje, lo que ayudaría a explotar mejor ambientes nuevos en donde el animal tiene poca información sobre los recursos y los enemigos. Sin embargo, estas adaptaciones solo se encuentran en algunos grupos de aves.
Los córvidos, los columbiformes y los estúrnidos han resultado ser las aves más tolerantes a la vida urbanita.
 
Planificar ciudades para aumentar la biodiversidad urbanita
Según el estudio, teniendo en cuenta que se prevé un aumento de la ocupación del suelo urbano de 1,2 millones de km2 en los primeros 30 años del siglo XXI, identificar las especies con mayor y menor capacidad de volverse urbanitas es una de las prioridades para conservar los ecosistemas. 
 
Aves exóticas como las cotorras argentinas (Myositta monachus) muy abundantes en Barcelona
 
“Este tipo de estudios pueden ser útiles en políticas ambientales futuras. Por ejemplo, la planificación urbana podría tener en cuenta las razones que hacen que los entornos urbanizados sean inhóspitos para la mayoría de las especies y preservar los elementos de los hábitats naturales que, cuando se alteran, actúan como filtros ambientales para la mayoría de las especies”, añade Daniel Sol. Aunque el investigador apunta que lograrlo es difícil en zonas que ya están muy urbanizadas, puede ser más sencillo en el diseño de nuevos asentamientos urbanos en los que se prevea una rápida expansión de suelo.
El siguiente paso para comprender esta destrucción de biodiversidad en las urbes, apuntan los investigadores, es comprender por qué las especies exóticas invasoras se asientan con éxito en las ciudades mientras que las autóctonas tienen importantes dificultades.
Artículo. Daniel Sol, César González-Lagos, Darío Moreira, Joan Maspons y Oriol Lapiedra. Urbanisation tolerance and the loss of avian diversity. Ecology Letters. DOI: 10.1111/ele.12297