La vida y su conservación

Las especies son esenciales en el funcionamiento de la vida en nuestra casa que es nuestro planeta; por eso, es importante conservarlas.
Con este objetivo, tenemos que saber cómo son, cómo se organizan en comunidades y cómo interactúan en los sistemas ecológicos.
En el último siglo XX, hemos visto degradaciones ambientales enormes: muchas especies en extinción o en drástica reducción de sus poblaciones, la destrucción o alteración rápida de sus ecosistemas y cambios nunca vistos en el clima del planeta. Esta gran crisis ambiental ha coincido con la disminución de las ciencias naturales en los centros académicos de referencia.

martes, 28 de julio de 2015

Las especies invasoras causan el declive de las comunidades acuáticas



El cangrejo rojo (Procambarus clarkii), el lucio europeo (Esox lucius) o el perca sol (Lepomis gibbosus) son algunas de las especies que han sido introducidas en las aguas españolas. Las invasiones biológicas de este tipo provocan una reducción de la abundancia y diversidad de especies acuáticas. Un equipo de científicos españoles ha valorado el impacto de estas especies que afecta sobre todo a los peces, el zooplancton y las plantas acuáticas.

Cangrejo rojo de las marismas, una de las especies invasoras muestreadas en el estudio. / Miguel Clavero


La introducción de especies invasoras en medios acuáticos desencadena importantes cambios que se propagan a través de la cadena alimentaria y causan una reducción de la abundancia y diversidad de especies.


“Filtradores como el mejillón cebra reducen la cantidad de algas y por tanto la disponibilidad de alimento", dice Gallardo.


Esto es lo que constata un estudio realizado por investigadores de la Estación Biológica de Doñana, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que se ha publicado en la revista Global Change Biology.


“Las introducción de peces depredadores como el alburno o el rutilo en embalses españoles, por ejemplo, causan el declive de poblaciones de zooplancton, lo que a su vez favorece aumentos explosivos de fitoplancton, que se ve libre de sus depredadores habituales”, explica Belinda Gallardo, investigadora en Doñana.


“Filtradores como el mejillón cebra, establecido en cuencas de la península ibérica, reducen la cantidad de algas y por tanto la disponibilidad de alimento para niveles superiores de la cadena alimentaria, como pequeños crustáceos y peces”, añade la experta.


Interacciones directas o cambios en el hábitat

El trabajo recoge información sobre diferentes tipos de organismos invasores, comunidades acuáticas residentes y hábitats. Los impactos de las especies invasoras se deben tanto a interacciones directas con las poblaciones nativas como a cambios en las condiciones del hábitat.

“Esta revisión supone un importante paso adelante para desentrañar los complejos impactos derivados de las invasiones biológicas”, indica la investigadora.

El estudio integra resultados de centenares de estudios previos e identifica el impacto negativo a gran escala que las especies invasoras ejercen sobre la abundancia de comunidades nativas, en especial de plantas acuáticas, zooplancton y peces.



El perca sol, una especie invasora. / Miguel Clavero


“Sin embargo, los resultados son menos claros cuando se analiza la diversidad de especies”, indica Gallardo. “La introducción de especies invasoras puede desencadenar desajustes en los ecosistemas que pueden tardar mucho en traducirse en cambios en la diversidad de especies”, apunta.


“Todo parece indicar que alteraciones como la introducción de especies provocarán extinciones que aún no somos capaces de detectar”, subraya la experta.


Dime lo que comes y te diré tu impacto


Uno de los aspectos novedosos del trabajo es la relación entre el tipo de alimentación del organismo invasor y sus impactos. Plantas invasoras como el carrizo o algas como la caulerpa son capaces de modificar las condiciones hidrodinámicas de su entorno.
La trucha arco iris americana ha disminuído peligrosamente las poblaciones de la trucha autóctona.



La introducción de predadores, aquí un ejemplar de lucio, conlleva la disminución drástica de sus presas.


La introducción de herbívoros como el caracol manzana o de omnívoros como el cangrejo rojo de las marismas causa pérdidas masivas de cobertura vegetal. Finalmente, la introducción de predadores conlleva la disminución drástica de sus presas.


“Este efecto es especialmente notable allí donde no existían depredadores similares a los introducidos, ante los que las comunidades nativas no saben cómo refugiarse o defenderse”, comenta la científica.


Los autores proponen un marco conceptual de impactos en la cadena alimentaria que puede ser de gran ayuda tanto para el desarrollo de hipótesis, como para los gestores del medioambiente, de cara a priorizar la gestión de especies cuyos impactos se propagan a lo largo de múltiples eslabones de la cadena alimentaria.


Referencia bibliográfica:

Gallardo, B., M. Clavero, M. I. Sanchez & M. Vilà. “Global ecological impacts of invasive species in aquatic ecosystems”. Global Change Biology. DOI: 10.1111/gcb.13004


¿Cuántos roedores mueren atropellados?



Cuando circulamos por la carretera, a menudo observamos gatos, perros, zorros, ardillas, erizos y otros animales muertos por atropello, ¿pero qué pasa con todos los pequeños roedores que no alcanzamos a ver bajo las ruedas de nuestros vehículos? Un equipo de científicos demuestra que el número de ratones de campo que mueren aplastados asciende a 200 individuos por kilómetro y año, una parte considerable de ellos en verano.



Ratón de campo atropellado en la AP-51 a su paso por Ávila. / TEG-UAM
 
Los pequeños mamíferos, como los ratones de campo, utilizan los bordes de la carretera como refugio, más que el paisaje que estos atraviesan. Los taludes y terraplenes amplios de las autopistas facilitan así el asentamiento de poblaciones densas de roedores. 


Más allá del cobijo de las cunetas, el asfalto se convierte en una trampa mortal para miles de roedores

Hasta ahora se desconocía el número exacto de ratones que mueren atropellados, por eso, investigadores de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) junto al Servicio de I+D de la empresa de construcción española OHL, han realizado una estimación precisa para tratar de resolver el misterio.


“La tasa de mortalidad es de unos 200 individuos por kilómetro al año, una cifra bastante más alta que las publicadas anteriormente”, apunta Juan E. Malo, miembro del grupo de Investigación de Ecología y Gestión de Ecosistemas Terrestres del departamento de Ecología de la UAM e coautor del estudio que se publica en Ecological Research.


Para llegar a este cálculo, los investigadores revisaron a pie cuatro kilómetros de la AP-51 a su paso por Ávila durante un año. Para ello detuvieron incluso la circulación gracias a la participación de la empresa concesionaria en el consorcio del proyecto. Durante este periodo pudieron hacer experimentos precisos de persistencia de cadáveres sobre el asfalto.


A diferencia de otros estudios que realizaron recuentos de animales de modo conjunto con otras especies de mucho mayor tamaño –con cadáveres más fáciles de detectar y más persistentes en la carretera–, los científicos proponen ahora un método de monitorización mucho más preciso (aunque más complejo y más caro).

“Los protocolos utilizados pueden ser un ejemplo a seguir en casos en que deba monitorizarse la mortalidad de animales de pequeño tamaño, como por ejemplo en caso de especies protegidas en tramos atravesados por infraestructuras”, señala Malo.





Los investigadores revisaron a pie cuatro kilómetros de la AP-51 a su paso por Ávila durante un año. Para ello detuvieron incluso la circulación. / TEG-UAM


En verano aumentan los atropellos


Según el trabajo, la cifra de atropellos de ratones de campo aumenta en verano, y alcanza dicha cifra en la autopista analizada pese a que solo circulan unos 8.100 vehículos al día por ella, “un número relativamente bajo para una autopista”, añade el experto.


Los atropellos ponen en peligro a otras especies de mayor tamaño que se aproximan a la carretera a alimentarse de los cadáveres.


El mayor número de atropellos de ratones en verano se debe a que en esa estación “los animales se mueven más, aprovechando los meses cálidos y secos para adentrarse en lugares fuera de su territorio vital habitual”, apunta el investigador.


Los científicos abordaron la cuestión de si los bordes de carretera ejercen de trampas ecológicas para las poblaciones de pequeños roedores: “En tal caso, las especies se aproximarían a la carretera atraídas por la presencia de un hábitat de apariencia favorable, pero la mortalidad asociada al atropello acabaría generando una pérdida superior al beneficio obtenido”, explica Malo quien añade que no es el caso de los ratones.

A pesar del alto número de atropellos de ratones, “las poblaciones no parecen verse comprometidas”, indica el trabajo. Sin embargo, el estudio de estas especies resulta clave por la actividad que desempeñan en el ecosistema.


Al ser presas de un gran número de depredadores, sus atropellos ponen en peligro a estas otras especies de mayor tamaño que se aproximan a la carretera a alimentarse de los cadáveres de los ratones y “a su vez sufren riesgo de atropello”, concluye Malo.


Referencia bibliográfica:


Ruiz-Capillas, Pablo; Mata, Cristina; Malo, Juan E. “How many rodents die on the road? Biological and methodological implications from a small mammals' roadkill assessment on a Spanish motorway” Ecological Research 30(3): 417-427 DOI: 10.1007/s11284-014-1235-1 Mayo de 2015


El estudio está enmarcado en un macroproyecto de I+D+i desarrollado por 16 Empresas y 15 Organismos Públicos de Investigación con financiación del Programa CENIT.